lunes, 8 de abril de 2019

Cartas no enviadas: "Por fin puedo odiarte"


Recién llego a mi casa. Es casi media noche y estoy muriendo de sueño, pero simplemente no quiero dormir sin escribir esto, sin ametrallar con mis dedos toda la ponzoña que corre por mis venas en este preciso instante. No quiero perder ni una pizca de ella, y no esperaré a hacerlo mañana cuando esta se haya enfriado, cuando la compasión busque resurgir, cuando mi juicio de las cosas se ablande aunque sea un poco.

Gracias. Tengo que concederte el haber tenido la valentía de llamarme hoy por fin y, tras once años, haber puesto los puntos sobre las íes acerca de tus acciones, tus mentiras y toda tu mierda. Debe haber sido difícil, seguramente fue muy duro para ti ser totalmente transparente por primera vez (¡tras once años, por la puta madre!) en toda tu vida. No diré que te fue fácil vivir con eso, pero seguramente fue mucho más cómodo que la hidalguía el haberte escondido detrás de tus desórdenes y tus trastornos para todo, poniéndolos de escudo cada vez que busqué juzgarte por el daño que me hiciste. Y yo fui un imbécil, por supuesto, por no haber tenido el criterio de medir qué cosas no resultaban justificables.

Pero no. Esta vez no me voy a torturar por mi ingenuidad ni por todas mis malas decisiones; ya de eso hice bastante durante años. Ya me castigué, ya me fui bien al carajo yo solo y he estado aprendiendo por mi cuenta a salir de allí, así que ahora solo me enfocaré en lo que por fin (¡por fin!) puedo aseverar: que hay una culpable. No fue el destino, no fue el azar, no fue mi –ni nuestra– mala suerte; fuiste tú, con una intención impulsada por todos tus complejos, pero intención al fin y al cabo, consciente y calculada al milímetro. Fue por la decisión de alguien que sufrí como sufrí, y ahora puedo afirmarlo sin dudas ni vacilaciones.

La ira contenida por tanto tiempo por fin puede liberarse y fijar un objetivo, como si recién me diera permiso de sentirla. Porque cuánto me cuestioné, cuánto me pregunté como un idiota si no estaba siendo demasiado duro o demasiado noble contigo, cuánto reflexioné inútilmente sobre si estaba justificado el guardarte rencor. Porque así soy yo, porque mi sentido de la justicia y mi honestidad prevalecen hasta en las más complejas encrucijadas emocionales, allí donde muchos otros caen en la fácil pero comprensible tentación de abrazar el resentimiento que, razonado o no, justificado o no, sirve de transición hacia la catarsis y finalmente hacia la anhelada paz mental. Porque se comprueba una vez más que, sin ser perfecto, siempre fui cabal y sincero contigo y conmigo mismo. Fui mucho más de lo que hayas podido merecer jamás, aunque más de una vez me hayas convencido de lo contrario en el pasado.

Abusaste de mí, me manipulaste, me golpeaste, me mentiste, me aislaste de mis seres queridos, desgraciaste demasiados años valiosos de mi adolescencia y juventud, y quién sabe cuánto de ese daño quedará de por vida o en el largo plazo. No pude evitarlo porque, cuando quise alejarme, cuando tuve esos pequeños momentos de sobriedad, me retuviste mediante engaños que no tienen nombre, tan grandes y asquerosos que difícilmente alguien podría creer que así se dieron, que hubo alguien tan crédulo y cegado como para caer en ellos. Me secuestraste, me arrastraste hacia una vida que jamás debí haber tenido, que simplemente no merecía. Eres tú, pues, la responsable de mis más grandes complejos y padecimientos. Eres en mayor o menor medida la gestora de cada momento depresivo, de cada dolor de cabeza y ataque de ansiedad, de mis obsesiones y de mis traumas por el paso del tiempo (por los años que me hiciste perder), de mi soledad, de mi incomprensión, y del –afortunadamente– breve deseo de estar muerto que en algún fugaz momento tocó a mi puerta. 

Todo eso, recién ahora, puede comenzar a marcar el inicio de su final. Ya puedo empezar mi verdadero duelo, mi verdadero proceso de control de daños, porque por fin puedo reconocerme en el penoso papel de víctima (de TU víctima) que me tocó tener en esta historia. Por fin puedo llorar, asumirme como abusado, tener lástima de mí mismo y sentirme como la mierda, sin permitir que ni tú ni nadie se atreva a tildarme de autocondescendiente, minimizando mi dolor.

Gracias otra vez, por al menos darme la puta oportunidad de permitirme aborrecerte ya sin remordimiento, para que algún día, espero que pronto, pueda cerrar por completo las heridas que me dejaste; y quién sabe, hasta perdonarte también solo si mi salud mental así lo pide.

Al escribir estas últimas líneas voy dándome cuenta de que no te he insultado ni una sola vez ni te he aplicado adjetivo alguno a lo largo de este texto. Supongo que es un buen síntoma, una señal de que mi odio no es visceral ni está basado en la venganza o en un deseo de herirte. Porque aún después de esto espero que te vaya bien en la vida, que seas feliz y nadie te haga ni la décima parte de lo que me hiciste. No te deseo el mal; solo te odio por mi legítimo derecho de odiarte.

Ojalá cumplas con lo que juraste y jamás te vuelvas a aparecer. Hasta nunca. Adiós.


La siguiente canción va con dedicatoria: de mí para mi yo del pasado, que ahora mismo se encuentra tan presente.

Paramore - Hate to See Your Heart Break




There is not a single word
No existe una sola palabra
In the whole world
en el mundo entero
That could describe the hurt
que pueda describir el dolor,
The dullest knife just sawing back and forth
el más afilado cuchillo serruchando hacia atrás y hacia delante,
And ripping through the softest skin there ever was
rasgando a través de la más suave piel que haya existido.

How were you to know?
¿Cómo ibas a saberlo?
Oh, how were you to know?
Oh, ¿cómo ibas a saberlo?

And I
Y yo
I hate to see your heart break
odio ver que tu corazón se rompa,
I hate to see your eyes get darker as they close
odio ver tus ojos oscureciéndose mientras se cierran,
But I've been there before
pero he vivido eso antes.

And I
Y yo
I hate to see your heart break
odio ver que tu corazón se rompa,
I hate to see your eyes get darker as they close
odio ver tus ojos oscureciéndose mientras se cierran,
But I've been there before
pero he vivido eso antes.

Love happens all the time
El amor le ocurre todo el tiempo
To people who aren't kind
a personas que no son nobles,
And heroes who are blind
y a héroes que son ciegos
Expecting perfect scripted movie scenes
esperando guiones de perfectas escenas de película.
Who wants an awkward silent mystery?
¿Quién quiere un incómodo y silencioso misterio?

How were you to know?
¿Cómo ibas a saberlo?
Well, how were you to know-oh-oh?
Bueno, ¿cómo ibas a saberlo?

And I
Y yo
I hate to see your heart break
odio ver que tu corazón se rompa,
I hate to see your eyes get darker as they close
odio ver tus ojos oscureciéndose mientras se cierran,
But I've been there before
pero he vivido eso antes.

And I
Y yo
I hate to see your heart break
odio ver que tu corazón se rompa,
I hate to see your eyes get darker as they close
odio ver tus ojos oscureciéndose mientras se cierran,
But I've been there before
pero he vivido eso antes.

For all the air that's in your lungs
Por todo el aire que se encuentra en tus pulmones,
For all the joy that is to come
por toda la alegría que está por venir.
For all the things that you're alive to feel
Por todas las cosas que estas vivo para sentir,
Just let the pain remind you hearts can heal
solo deja que el dolor te recuerde que los corazones sanan.

Oh, how were you to know? (How were you to know?)
Oh, ¿cómo ibas a saberlo? (¿cómo ibas a saberlo?),
Oh, how were you to know?
¿cómo ibas a saberlo?

And I
Y yo
I hate to see your heart break
odio ver que tu corazón se rompa,
I hate to see your eyes get darker as they close
odio ver tus ojos oscureciéndose mientras se cierran,
But I've been there before
pero he vivido eso antes.

And I
Y yo
I hate to see your heart break
odio ver que tu corazón se rompa,
I hate to see your eyes get darker as they close
odio ver tus ojos oscureciéndose mientras se cierran,
But I've been there before
pero he vivido eso antes.

viernes, 1 de marzo de 2019

Conexión fallida


Una computadora con conexión a internet, en mi casa. Durante mi niñez no hubo objeto que anhelara más que ese. Hasta que mi deseo se cumplió a los 14 de edad, pasé buena parte de mis horas libres en las populares cabinas para jugar videojuegos solo o con amigos, o para chatear con las niñas que me gustaban en las incipientes redes sociales de aquellos días. El internet me parecía lo más fascinante que pudiera existir, una auténtica ventana al mundo con infinitas posibilidades, todo al alcance con tan solo algunos clics. ¿Será que pertenezco a la última generación que llegó a maravillarse con esto sin darlo por sentado, al menos en un inicio?

Las horas de alquiler siempre me quedaban cortas. Era común imaginar, especular sobre todo lo que haría con la conexión desde mi hogar: la música que podría descubrir y descargar, las veladas interminables jugando con mis amigos, el hacer mis tareas más rápido, el contar con tiempo de sobra para conversar con alguna chica de mi interés, o hacer vida social como no se me daba en persona. Salvo por cuando me dieran ganas de salir a jugar fútbol o a alguna de las esporádicas fiestas a las que asistía, de verdad podía imaginarme todo el día sentado en la bendita computadora sin remordimiento alguno.

Usualmente, aquellas cosas triviales que tanto deseábamos de pequeños terminan siendo una anécdota divertida, pero ese no es mi caso. Ahora, con 25 años de edad, no puedo más que ver con fastidiosa ironía cuánto quise ser parte de algo que hoy me agobia a diario. Porque tal vez era imposible anticipar la explosión, la proliferación de este mundo virtual tal como lo conocemos actualmente. Aunque aclaro: no es que sea intrínsecamente malo, sino que simplemente me cuesta mucho existir dentro de él.

Actualmente, y más aún con el uso de los smartphones, el internet lo es y lo abarca todo, cambiando por completo los conceptos de diversión, socialización, expresión e información. Todo es rápido, todo abunda y todo está al alcance, al menos dentro de las sociedades o comunidades que se encuentran conectadas. Y en ese escenario, cuando todo está ahí a tu disposición, ¿en qué te puedes excusar para ignorar algo, para no leer determinado libro disponible en PDF, no haber visto tal película, no enterarte de tal noticia, o tener pendiente aún el escuchar a tal cantante o banda? ¿Y cuál es el pretexto para no aprender? Porque si yo trabajo en comunicaciones, como es mi caso, ¿por qué no aprovecho el voluminoso material de aprendizaje que hay en YouTube u otras plataformas sobre diseño, edición, u otras cosas que me falten dominar? Y si me encanta la música y quiero aprender a cantar mejor o a tocar guitarra, ¿qué me falta para no hacerlo con tantos tutoriales gratuitos disponibles? La lista de culposos "hubieras" puede resultar infinita.

Continuando con mi caso, mi concepto de las cosas era distinto antes de todo esto. Cuando tenía 14 años y quería ser periodista, veía a esta profesión con mucho mayor respeto, porque los referentes del gremio solían estar mucho más informados y ser relativamente más cultos que el común de la gente, ganándose así su lugar. Hoy casi cualquiera tiene la posibilidad de estar en esa condición, ya que no es necesario sentarse todo el día en una sala de redacción para estar enterado de lo que ocurre en el mundo, y los medios tradicionales han perdido la relevancia de antaño. Entonces, cuando las cosas se dan así, cuando me doy cuenta de que lo poco que aprendí fue mucho más por mi cuenta que dentro de las aulas universitarias, el tiempo y el esfuerzo mal invertidos comienzan a angustiarme. Percibo a mi carrera como un desperdicio; y en cierto punto, a mí mismo también. Luego, partiendo de ese punto, mi día a día se vuelve en una ridícula y agotadora búsqueda de valor para todo en lo que invierta mi tiempo: el trabajo, mis pasatiempos, y hasta mi ocio, deben tener trascendencia. Si no es así, mi vida no vale nada.

Tengo que ver todas las series que pueda, escuchar a todos los clásicos de mis géneros musicales favoritos, buscar las obras más importantes de la historia de la literatura, ver y leer sobre ciencia, cultura o filosofía. Tengo que viajar, conocer, pararme dentro de esos hermosos paisajes que veo en fotos de viajeros en Instagram. Tengo que adquirir los conocimientos para crear algún contenido o proyecto que genere repercusión para que se me recuerde. Tengo que hacer algo, ganarme un respeto, justificar el aire que respiro y el espacio que ocupo en este mundo. Tengo que absorber lo más que pueda de entre todo lo bueno que haya creado la humanidad, apreciarlo y contemplarlo sin que se me pase nada, u omitiendo la menor cantidad de cosas posible. Tengo que, tengo que, tengo que. Porque la vida es una, una sola, sin nada más tras la muerte, y simplemente no quiero soltar mi último aliento sin haber apreciado todo lo bello y reconfortante que hay en este planeta.

Pero mis limitaciones humanas me impiden abarcar tanto. Y eso, justamente, es aquello contra lo que no sé cómo lidiar. Es lo que el internet y las redes, con los que tengo que toparme siempre por mi insatisfactorio trabajo y por mi ritmo de vida, me restriega en la cara todos los días. Sin embargo, aunque así se sienta, la verdad es que no puedo culpar a este gran invento del ser humano por mi pequeñez. Esta herramienta ha abierto incontables oportunidades para muchos. A mí, personalmente, me permitió algunos de los pocos logros que puedo ostentar, mientras que también me dio a conocer a mi mejor amiga y a la mujer a la que amo. No es poca cosa, pues, pero al ver cómo tantas, pero tantas personas la usaron para llegar a lo más alto con mérito y creatividad propios, o que simplemente la han usado como un impulso para sus carreras, cuales fueren, no puedo más que sentirme como un inútil.

El único culpable soy yo, el tipo cuya ansiedad y depresión, cuya falta de rumbo, y cuyos demonios, no le permiten desenvolverse ni apreciar la inmensa cantidad de posibilidades de su era; y que en vez de eso se aterra y empequeñece ante ellas. Porque al final de todo y al margen del contexto, no existe objeto, ente, circunstancia, o era de la historia universal, que me quite la responsabilidad de mi propio fracaso.

El pequeño Damián no pecó de ingenuo; fue su versión adulta la que ahogó su fascinación y espíritu, y ahora no sabe cómo sanarlos.


Arcade Fire - Modern Man




So I wait my turn, I'm a modern man
Pues, espero mi turno, soy un hombre moderno.
And the people behind me, they can't understand
Y la gente detrás de mí, ellos no pueden entender.
Makes me feel like...
Me hace sentir como...
Makes me feel like...
Me hace sentir como...

So I wait in line, I'm a modern man
Esperando en la fila, soy un hombre moderno.
And the people behind me, they can't understand
Y la gente detrás de mí, ellos no pueden entender.
Makes me feel like
Me hace sentir como...
Something don't feel right
Como si algo no se sintiera bien.

Like a record that's skipping
Como un disco tocándose,
I'm a modern man
soy un hombre moderno.
And the clock keeps ticking
Y el reloj sigue avanzando,
I'm a modern man
soy un hombre moderno.
Makes me feel like
Me hace sentir como...
Makes me feel like
Me hace sentir como...

In my dream I was almost there
En mi sueño casi estuve ahí,
Then you pulled me aside and said "You're going nowhere"
pero me empujaste diciéndome "No vas a ningún lado".
They say "We are the chosen few
Ellos dicen: "Nosotros somos los elegidos
But we're wasted
pero estamos desgastados,
And that's why we're still waiting
y es por eso que seguimos esperando
On a number from the modern man
con un número del hombre moderno.
Maybe when you're older you will understand
Quizá cuando seas mayor entenderás.
Why you don't feel right?
¿Por qué no te sientes bien?
Why you can't sleep at night now?"
¿Por qué ya no puedes dormir por las noches?".

In line for a number but you don't understand
En fila por un número pero tú no lo entiendes
Like a modern man
como un hombre moderno.
In line for a number but you don't understand
En fila por un número pero tú no lo entiendes
Like a modern man
como un hombre moderno.

Oh I had a dream I was dreaming
Oh, tuve un sueño, estaba soñando.
And I feel I'm losing the feeling
Y siento que he perdido los sentimientos.
Makes me feel like...
Me hace sentir como...
Like something don't feel right
Como si algo no se sintiera bien.
I erase the number of the modern man
He borrado el número del hombre moderno.
Want to break the mirror of the modern man
Quiero romper el espejo del hombre moderno.
Makes me feel like...
Me hace sentir como...
Makes me feel like...
Me hace sentir como...

In my dream I was almost there
En mi sueño casi estuve ahí,
Then you pulled me aside and said "You're going nowhere"
pero me empujaste diciéndome "No vas a ningún lado.
I know we are the chosen few
Yo sé que somos los elegidos,
But we waste it
pero estamos desgastados,
And that's why we're still waiting
y es por eso que seguimos esperando
In line for a number but you don't understand
en fila por un número pero tú no lo entiendes
Like a modern man
como un hombre moderno.
In line for a number but you don't understand
En fila por un número pero tú no lo entiendes
Like a modern man"
como un hombre moderno".

If it's alright
Si esto está bien,
Then how come you can't sleep at night?
entonces, ¿cómo es que no duermes por las noches?
In line for a number but you don't understand
En fila por un número pero tú no entenderás,
Like a modern man
como un hombre moderno.

I'm a modern man
Soy un hombre moderno.
I'm a modern man
Soy un hombre moderno.
I'm a modern man
Soy un hombre moderno.
I'm a modern man
Soy un hombre moderno.

jueves, 26 de julio de 2018

Pamela (Parte 1)


Quiero sexo casual esta noche. Eso me dije así, tan suelto de huesos, un jueves del invierno de 2017, meses después de terminar una relación de más de nueve años. Aunque no buscaba nada para el corazón, el cuerpo sí se inquietaba por tener algún encuentro físico; no por la abstinencia, sino por la gran expectativa de estar disponible tras tantísimo tiempo. Pero pese al tono caprichoso de la primera oración, no me malentiendan: no era como si se me antojara un dulce y bastara con salir corriendo a comprarlo. 

Esa certeza de las cosas no pertenecía en absoluto a este ámbito de mi vida. Nunca fui alguna suerte de macho alfa que pone la bala donde pone el ojo, y ni siquiera estaba seguro de irradiar algún tipo de sensualidad en las mujeres. De hecho, aquella relación de casi una década abarcó un crucial periodo entre mis catorce y mis veintitrés de edad, impidiéndome aprender todos los rituales y estrategias de seducción que casi cualquiera va conociendo, en mayor o menor medida, cuando está joven, soltero y sin compromiso. 

¿De dónde provenía esa relativa confianza, entonces? De dos hechos que se habían dado durante el último mes.

Ganando impulso

Años atrás, cuando me hallaba sumido en una profunda depresión y soledad (sí, ya sé que tenía novia, pero había otros vacíos), guardaba la penosa costumbre de ingresar a plataformas de chat como Omegle para buscar, en desconocidos, alguna charla profunda, una compañía amigable o alguien con quien desahogarme. Un plan que fracasó casi siempre, por cierto. Pero retomando el presente, me había percatado de que aquellas tristes motivaciones podían ser dejadas de lado, desviándome ahora hacia el atractivo principal para los usuarios de aquellos espacios: el sexting. ¿Por qué no probarlo?

Ya no habiendo una pareja a la cual respetar (así soy yo, un moralista), quedaba totalmente libre de escribirme lo que quisiera con quien quisiera, explayándome a placer. Fue así como, en aquel terreno virtual, di rienda suelta a mi poco autoconocida imaginación y pude compartir gratas experiencias con no pocas mujeres, empleando solo palabras. Si bien tuve siempre la sensación de que había, en lo profundo de mí, un lado mucho más lujurioso y morboso, nunca lo había visto con tanta claridad, ni explorado con tanta libertad como en esas semanas, ante la satisfacción por los muy buenos comentarios que recibía de mis ocasionales acompañantes. Ya sé, me dirán que no se puede confiar en lo que diga cualquier desconocida, que lo pueden decir por compromiso, que seguro se lo dicen a todos. Bueno, para bien y para mal, una marcada e involuntaria costumbre mía es la de minimizar siempre, SIEMPRE, cualquier elogio que reciba. Así que créanme: basándome en la cantidad de buenas referencias y en el análisis de las mismas, cabía sentirme más o menos seguro de lo que mi cerebro pudiera maquinar para estos fines.

No obstante, aquellas "hazañas" solo pertenecían a un entorno anónimo, hecho exclusivamente para el lenguaje escrito. Mientras tanto, en el plano físico en el que se practica el sexo de verdad, estaba en nada en cuanto a la seducción, apenas aprendiendo a gatear para superar la inexperiencia, la timidez y el resto de inseguridades que traía tan arraigadas. En esa línea, el segundo hecho al que me refiero se dio fuera de esta zona de confort digital y fue lo que consolidó mis esperanzas de concretar, algún día, el ansiado one night stand.

Unas noches antes de la historia que hoy nos ocupa, me animé a acompañar a mi amigo Karl a una fiesta. Iba solo para tomar y relajarme, con cero expectativas de ligar por sentirme aún demasiado verde, casi estigmatizado por la enorme brecha entre mi interacción virtual y la que podía ofrecer cara a cara a una chica. No obstante, todo cambiaría gracias a una simpática joven de ojos verdes que me había estado mirando desde que llegué. Algunos tragos de más me animaron a acercarme a ella, y mientras bailábamos me dio aquel glorioso beso, el primero a otra mujer en demasiados años.

¿Cómo podía haberle gustado a esta chica, que era tan sexy y había captado la atención de casi todos los hombres del lugar? Aunque no me quedaba tan claro, pensé en algunos factores, pues a lo mejor había alguno que pudiera replicar para próximas experiencias. ¿Habrá sido el físico? No lo sé. Hago ejercicios en mi casa y creo que eso se nota un poco, pero en el balance general, dudo que mi apariencia llame la atención a primera vista; mucho menos con ese semblante serio y callado -por no decir aburrido- que siempre mantengo. ¿Habrá sido mi modo de ser? Tampoco lo sé. Traté de sonar divertido y ocurrente, pero si me diferenciaba de los hombres de onda más urbana que habían ido, seguro era por ese lenguaje tan odiosamente formal. ¿O le habrá gustado algo de eso?, ¿o habrá sido un gusto sin meditar de su parte?, ¿un capricho sin sentido? Quién sabe. Tal vez solo se alinearon los astros en los que no creo y fue un simple golpe de suerte. En fin...

No ocurrió mucho más esa noche, pero yo me sentí como si hubiera tocado el cielo. Considerando mi nula práctica en la materia, supongo que no estaba nada mal para una primera salida nocturna en la que no hubo nada premeditado.

¿Esta noche es la noche?

Volviendo al mentado jueves, sentí unas inusuales ganas de ir a una discoteca. Pese a que siempre odié bailar, de esa manera había conseguido cosas la vez anterior, así que quería volver a probar suerte. Para no ir solo llamé a Fernando, mi mejor amigo, un barman extrovertido y bohemio, exitoso en su chamba y con una facilidad natural para ligar con las chicas. Sorprendidísimo por mi propuesta, accedió sin chistar.

Llegamos a medianoche a una populosa discoteca del Centro de Lima, que contaba con ambientes en los que sonaban distintos géneros musicales. En uno ponían reggaetón, salsa y bachata; en el otro, música electrónica para armar fiestas rave. Entonces, tratando de repetir las circunstancias de la fiesta de días atrás, Fernando y yo optamos por los ritmos latinos.

Compramos unas cervezas y procedimos a tomar mientras analizábamos la escena. Por ser jueves había poca gente, y las chicas presentes habían acudido al local con grupos de amigos, de esos que se cierran y solo bailan entre ellos. Nos quedaba seguir tomando −en mi caso, para soltarme más− hasta que llegara un momento que pudiésemos aprovechar. El de Fernando llegó primero cuando una alegre morena se quedó sin pareja en su grupo y él le extendió la mano mientras sonaba una bachata. Yo quedé solo en mi rincón con mi trago en la mano. No sabía bailar esa música y rápidamente comencé a bajonearme por la situación.

Nunca deja de sorprenderme -y de frustrarme- la volubilidad de mi estado de ánimo. Si al salir de casa iba lleno de ímpetu y optimismo para concretar mi plan, ahora me sentía un absoluto fracasado. No llegaban más mujeres, Fernando ya besaba a su pareja de baile, y yo parecía condenado a quedarme colgado hasta que se acabara el alcohol. Iba visualizando lo que sucedería: Fernando se iría a un hotel con la morena; y como los hombres poseemos un código distinto al de las chicas y no nos acompañamos incondicionalmente, yo le iba a dar una palmada en la espalda por su hazaña, me despediría y volvería a mi casa sintiéndome ridículo, patético por siquiera imaginar que yo podía “campeonar” igual que él, igual que tantos otros. “¿En serio creíste que por esos encuentros virtuales y unos besos en una fiesta ya estabas a la altura de aquello que buscas?”. Algo así me decía a mí mismo. La frustración se convirtió en una suerte de tristeza y solo quería teletransportarme a mi cuarto, olvidar todo, nunca más planear algo como esto. Así de fácil podía ponerme fatalista cuando de estos menesteres se trataba, pues la inseguridad era muy marcada.

¿El giro soñado?

Pasó una media hora mientras Fernando seguía bailando. Yo mataba el rato tomando y comprando más cerveza, revisando mi celular como si me estuvieran llegando mensajes para hacerme el importante, el que tenía un motivo justificable para no estar moviéndose como el resto. Fui al baño por un par de minutos, y al volver había cambiado por completo el panorama la noche: Fernando y la morena habían desaparecido. Los fui a buscar por toda la discoteca, porque él no se habría ido sin avisarme. Al llegar a la zona de música electrónica lo vi parado junto a dos chicas nuevas.

—Se quitó la flaca con la que bailaba, pero me dejó su número. Me he encontrado a estas dos solitas y ya estoy pulseando a una. Tú mismo eres con la otra— me dijo él discretamente.

Me sorprendí por la rapidez de Fernando y me forcé a cambiar el chip en un segundo para asimilar este nuevo escenario, procurando dejar de lado el letargo en el que caí para concentrarme en el nuevo objetivo. Mi buen amigo se había quedado con la que a la vista era la menor y la más predecible: unos 19 años, cabello castaño, de expresiones infantiles y con un semblante extrovertido e irreverente, pero sin mayor profundidad. El prototipo de chica con el que él siempre se sintió más cómodo. La que a mí me había tocado, en cambio, me resultaba un tanto enigmática: su cabello era negro, lacio y corto; su rostro estaba conformado por unos grandes y profundos ojos negros de mirada distante que siempre apuntaban hacia un costado, rodeados de cejas y pestañas cuidadosamente delineadas; y debajo, tan llamativos, estaban sus labios pintados de un intenso púrpura. Usaba jeans y un top por el calor que hacía dentro de la discoteca, lo que me permitió apreciar el detalle más intrigante de su delgado cuerpo, sus tatuajes: un unicornio geométrico en el brazo izquierdo, una estrella de mar y unas curiosas barras de colores en el brazo derecho, y una mariposa en la muñeca de la misma extremidad. Figuras totalmente disímiles e inconexas que podían decirme todo o nada sobre ella.

—Damián, ellas son Andrea y Pamela, son primas— dijo Fernando, presentándomelas —. Voy con Andrea a la barra para comprarnos unas chelas y conocernos. Los dejamos. Me llamas para cualquier cosa.

Podía sonar a lo más simple del mundo, pero yo me sentía intimidado. Me había quedado solo, bastante ebrio, con una desconocida a la que no podía leer bien de primera impresión y con la que estaba comprometido a quedarme por el resto de la noche, por cuestiones de consideración social. Felizmente no estaba en la fase de "borracho feo": conservaba aún el equilibrio, articulaba bien las palabras y solo me sentía más suelto. A lo mejor podía usar los efectos del alcohol a mi favor... ¿o no? De repente, sentí cómo la timidez quedaba de lado.

Le ofrecí un poco de mi trago y lo bebió de golpe. Pamela continuaba mirando a un lado con cierta indiferencia; pero cuando volteó por un segundo y nuestros ojos se cruzaron, tuve una suerte de revelación: por algún motivo, sentí la total certeza de que le había gustado. No sabía cuánto, pero le gustaba. Mi usual perspicacia ya no estaba sesgada por la inseguridad y la cerveza parecía ser mi amiga en esta ocasión. Comencé a mover ligeramente hombros y cabeza al ritmo de la música, mientras intentaba iniciar una conversación.

—¿Vienes seguido por aquí?

—No, en realidad. Es la segunda vez que vengo.

—¿Cuántos años tienes?

—Veinte, ¿y tú?

—Veintitrés.

Durante ese primer intercambio de palabras fui acercándome a ella. —Ven, bailemos—, le dije, mientras enrollaba mi brazo en su cintura y la acercaba hacia mí. Y entonces... Bueno, lamento arruinar lo que sé que resultaría interesante para quien sea que lea esto y que a mí podría servirme como aprendizaje, pero la verdad es que no recuerdo bien qué diablos ocurrió durante la siguiente hora y media. En serio, la vida puede ser muy caprichosa, porque ese es el único momento hasta la fecha en que el alcohol me ha nublado de esa manera. En mi memoria, lo ocurrido en ese lapso permanece con lagunas, con solo algunas imágenes sueltas de lo sucedido.

Pamela comentó que llevaba un buen rato tomando con su prima, y eso se notaba por su forma cada vez más indiscreta de observarme de pies a cabeza. Estábamos, pues, en igualdad de condiciones, por lo que mi modo de hablarle se volvió más directo y confianzudo. Aunque no retengo las palabras ni los temas que se tocaron, recuerdo haberla hecho reír, recuerdo sentirme cómodo y haberle confesado que la noche hubiera sido un fracaso si no se aparecía, que en realidad no era mucho de salidas nocturnas y que estaba volviendo a tenerlas "después de un tiempo". Ella me contó que tuvo un día pesado en el trabajo, que necesitaba relajarse con urgencia y que "ahora se sentía bien", o algo así, mientras envolvía más estrechamente mi cuello con sus brazos.

En cierto momento pregunté por sus tatuajes, y aunque no recuerdo lo que me explicó de cada uno, sí me quedó claro que las motivaciones detrás de estos eran poco pensadas. Hasta me dijo que había un par de los que se había arrepentido y que planeaba cubrir o borrar. Esto me pareció interesante, ya que parecía tratarse de una chica impulsiva, que hace lo que se le antoja primero y lo medita después.

—¿Me dejas ver el tuyo?— preguntó, señalando mi brazo izquierdo. Me remangué la playera y le mostré el único tatuaje que tenía por aquel entonces: era Kenshin Himura, el protagonista del anime Samurai X.

—Está bonito, pero no sé mucho de anime. ¿Qué personaje es y por qué te lo tatuaste?

—Digamos que es mi personaje de ficción favorito y que me inspira mucho— respondí con brevedad. No me quise detener mucho en este tema, porque era un tanto personal y porque no sumaba a mi causa.

—Interesante...

Sus dedos se deslizaron suavemente desde mi brazo hasta mi pecho, donde su mano pasó a estirarse para palparlo detenidamente.

—¿Te han dicho que tienes un bonito cuerpo?— preguntó, volviendo a mirar hacia un lado y con un forzado tono ligero, como queriendo minimizar sus sugerentes palabras.

—No, nunca. Muchas gracias, tú eres muy atractiva— contesté, esbozando una sonrisa confidente mientras la miraba directo a los ojos.

No mentía en mi respuesta. Realmente no me lo había dicho nadie, jamás, o al menos no de modo aislado y basándose solamente en lo físico. Esa sola pregunta multiplicó mi ímpetu por mil. Tras haber percibido una indiferencia general de parte de todas las mujeres del lugar, sentía ahora una tremenda inyección de adrenalina. Las expectativas por ver qué ocurriría después no hacían más que crecer.

Seguimos conversando sobre otros temas superficiales que no recuerdo, pero que yo intentaba abordar de forma ocurrente, con un sarcasmo y un humor que parecían gustarle. Lo mejor era que me sentía cómodo porque, aunque el alcohol me ayudaba a soltarme y a mostrarme más alegre de lo usual, de cierto modo seguía siendo yo mismo. Buscaba luchar con mis propias armas, consciente de mis limitaciones y de las actitudes que no podía emular de Fernando ni de cualquier otro tipo más experimentado y avezado.

—¿Lo dices en serio?— expresó ante mi cumplido —Yo me siento gorda, no me gusta cómo me veo— completó, mirándose con cierta resignación y desdén. Había algo familiar en lo que me decía, pero simplemente lo ignoré en ese momento y pasé a halagarla.

—¿Bromeas? Eres muy guapa.

De repente, sintiendo que era el momento justo, la besé y fui muy gratamente correspondido. Nuevamente fue glorioso, tal vez aún más que la vez anterior en que no supe bien cómo se llegó a concretar. Es que así funciona conmigo: me gusta tener claro el contexto de las cosas, indagar, ahondar en las razones por las que alguien pueda interesarse o ver cosas positivas en mí. No solo me ayuda con la inseguridad, sino que también me genera un placer y una satisfacción especial, sea cual sea el ámbito de mi vida en que esta peculiaridad entre a tallar. Si hablamos del sexo y de la atracción, esa profundización en las motivaciones termina prendiéndome más.

Durante ese primer beso confirmé, ya al cien por ciento, que le gustaba tanto en lo físico como en lo que yo le daba conocer de mi personalidad. Tomé unos segundos para disfrutar aquel instante que se iba extendiendo, pero sin perderme en él. Un beso no era lo único que buscaba aquella noche, así que debía enfocarme plenamente en ello.

Fuimos por más cerveza. La música electrónica se tornaba más atmosférica, más psicodélica. Comencé a sentir cierto "viaje", a pesar de que el alcohol era la única sustancia que había en mi organismo. Ella parecía compartir esa sensación, sus movimientos eran cada vez más libres y despreocupados. Aferrada a mi cuello, cerró los ojos y se entregó al beat que retumbaba en nuestro ambiente.

—Wuuuuu...— soltó con suavidad a mi oído mientras bailaba, casi como un soplido, era un sonido muy fresco que hasta hoy está grabado en mi memoria.

Es justo desde este punto que puedo recordar con claridad todo lo que vino después. Seguimos besándonos en ese estado de relajación, todo fluía hasta que me pidió que la esperara un rato y se fue al baño. Tras regresar luego de cinco minutos, se colgó nuevamente de mi cuello para seguir bailando. Todo parecía seguir su curso cuando, de pronto, la conversación se fue hacia un punto inesperado...

—¿Te parecen simpáticas las chicas que están por allá?— y me soltó, de la nada.

—Bueno...— tomé una pausa mientras miraba al techo— Supongo que sí, pero ¿por qué preguntas eso?— respondí, sintiendo que se activaba en mí cierto estado de alerta, que sus palabras entraban a mis oídos con una extraña reminiscencia a situaciones ya vividas.

—Ah, bueno, no sé, lo decía porque te vi mirándolas, seguro que te gustan. Si es así, normal, ah. Yo me voy por ahí y te dejo para que bailes con ellas.

Puedo decir, con toda seguridad, que no me fijé en absolutamente nadie. Es algo que pude haber hecho cuando recién llegué con Fernando, pero una vez que encontré a Pamela, realmente no me interesaba ver a nadie más. Era lógico: ¿por qué me iba a desconcentrar de ella y a descuidarla, con lo que sé que me costaría comenzar desde cero con otra mujer del lugar?

Haber estado tantos años con una novia tan insegura y celosa me había dado dos cosas: primero, la capacidad de proyectar cuán graves eran esos sentimientos en otra persona a partir de pequeñas frases y gestos; y segundo, el tacto para abordar fricciones como la que estaba iniciándose con Pamela. He de decir que siempre detesté este tipo de escenitas con mi ex. Me parecían lo más absurdo del mundo por distintos motivos, pero sobre todo porque, como ya les dije y ya habrán notado, soy bastante tímido e introvertido. Mi propia naturaleza me vuelve poco propenso a acercarme a otras mujeres, además de que mi respeto y principios están firmemente establecidos. Justamente por eso es que hoy escribo esta historia: porque se trata de un episodio totalmente fuera de lo común en mi vida. Quizá debía concederle a Pamela que no me conocía... Pero no, tampoco me iba a engañar a mí mismo con esa falsa justificación

Claramente ella estaba viendo fantasmas, tal vez por algún efecto del alcohol en combinación con esas inseguridades guardadas. Solo con esas palabras, con ver cómo las pronunciaba, podía darme una idea de qué otras cosas podían seguir y qué otros potenciales momentos desagradables podían producirse. Pero, ¿estaba dispuesto a tomar al toro por las astas para conseguir esa noche de placer que buscaba? Toda la excitación previa me animó a intentarlo hasta donde se pudiera.

—¿Qué? No, nada que ver. Solo te estaba esperando. Te aseguro que no me fijaba en nadie más. ¿Para qué iba a hacerlo, si estoy tan bien contigo ahora?— respondí, ocultando mi molestia y tratando de alivianar la situación.

—Estabas mirando a esas chicas, estoy segura. No lo digo como si estuviera molesta, eh. Por mí, normal. Solo dime y te dejo para que hagas lo que más quieras— contestó, con una mal disimulada ofuscación.

—Nada que ver, Pamela. Ya te lo dije: estaba teniendo una noche de mierda hasta que te apareciste. La estamos pasando muy bien, me gustas mucho y no quiero bailar con nadie más, solo quiero pasarla contigo— le susurré mirándola a los ojos, con calma y ternura, tomándola del rostro y volviéndola a besar.

—Está bien, discúlpame... Perdona, es que soy muy desconfiada y a veces me pongo así, sobre todo cuando alguien me gusta tanto como tú.

—No te pido que confíes. Basta con razonarlo: después de todo lo que hemos hecho, ¿tú crees que iba a querer pasarla con alguien más? Ni siquiera hubo alguna que se haya fijado en mí antes que tú.

—Ja ja ja, claro que te miran, oye. ¿No te das cuenta o te estás haciendo el huevón?

—Sinceramente, yo no percibí que nadie más me mirara. Creo que solo son tus celos— le dije riéndome, y lo creía de verdad— Solo olvidemos esto y sigamos bailando, ¿sí?

—De acuerdo.

Luego de asentir me dio un largo y profundo beso, me abrazó fuerte, recorrió toda mi espalda con sus manos sin importar que nos estén mirando, y me mordió fuerte los labios. Mi lado instintivo se calentaba, mientras que mi lado racional notaba que, sin duda, ella buscaba marcar territorio, establecer que yo era "suyo" ante todos los presentes. Mi carácter me lo reprochaba: ¿cuánto iba a ceder de mi orgullo por "campeonar"? Sin tenerlo muy claro, solo me limité a seguir bailando con ella. Los besos continuaban, gustándome, pero sin tener ya esa calma de hacía un rato. Estaba atento a cada gesto suyo, tenía que intentar orientar su intensidad al ámbito carnal y a ningún otro más.

—Me gustas mucho, Damián, no sé qué tienes que me encantas. No sé qué me pasa, te juro que no es algo que le diría a alguien que recién conozco, pero es lo que siento.

—También me gustas mucho, Pamela— contesté, convencido de que mi sentimiento no tenía el mismo grado que el de ella. Los besos se volvieron aún más candentes.

—Vamos, bésame más, quiero sentirte. Así, mira...— Y su lengua entro con más impulso a mi boca, y sus dientes apretaron más fuerte mis labios.

Parecía ser el momento. Estaba excitado, ella me gustaba, aunque también le tenía un poco de miedo. No quería conversar más, ni revelar más de mí, ni dejar pasar el tiempo suficiente como para que se generara otra escena de celos o algo peor, porque así de impredecible la veía. Quería llevármela a la cama y que el sexo desenfrenado desahogara toda las pasiones vertidas en ambos. Era hora, lancé la propuesta indecente:

—Pamela, ¿no quisieras ir a otro lado para continuar esto?— le dije en seco, con un tono confidencial, transmitiéndole mis deseos.

—No lo sé... Es que yo no te quiero solo para eso. O sea, de verdad me gustas mucho, no te puedo negar que sí me dan muchas ganas de acostarme contigo y que podría hacerlo, pero no quiero que todo quede en esta noche— respondió, directa, sin ningún rodeo.

—Qué lástima, porque de verdad te tengo muchas ganas— le dije sonriente, pero el tono de decepción se me notaba.

—Además, ya es tarde y tengo que llevar a mi prima a su casa. Su mamá me encargó cuidarla y no le puedo fallar. Pero dame tu número y nos vemos otro día.

El desenlace no me hacía mucha gracia. Yo quería lo contrario, que nuestro encuentro no fuera más allá de esa madrugada, pero no iba a ser posible. Tenía que contestarle rápido y le dije que sí. Saqué mi celular e intercambiamos números.

¿Cómo iba a ser el contacto por WhatsApp hasta volver a encontrarnos? Veía muchos riesgos: hasta entonces, las conversaciones por chat podían volverse más personales e íntimas, generándose un vínculo que yo no buscaba. Tampoco quería manipularla generando una confianza que dejara abierta la posibilidad de algo sentimental, esas mentiras iban en contra de mis códigos de no engañar de esa manera a ninguna persona. Tenía, entonces, que apostar todo al siguiente encuentro, a que ahí se concretaría todo sin que se generasen confusiones. No debía dejar que pasara demasiado tiempo.

—No quiero esperar mucho más, de verdad quiero verte pronto. Sé que esta propuesta puede sonar rara y fácil no puedes, ¿pero sería posible que nos volviésemos a encontrar aquí mañana?

—Bueno... Tienes razón, yo tampoco quiero esperar tanto. Mira, no te lo aseguro, pero haré todo lo posible por venir. Hay que ir coordinando por WhatsApp, ¿te parece?

—Está bien— y la volví a besar intensamente a modo de despedida. Sabía que no podría hacerlo una vez que buscáramos a su prima.

Ser o no ser... un hijo de puta

Fernando y Andrea conversaban cerca de la barra. No andaban en nada juntos y solo parecía una alegre charla. Pamela la llamó y volvió a despedirse de mí, esta vez con un simple beso en la mejilla.

—Ojalá nos veamos mañana— susurró.

Tras llamar a Andrea y despedirse de Fernando, las damas se retiraron cuando bordeaban las 5 de la mañana. Camino al barrio, en el taxi, intenté resumir a mi amigo todo lo acontecido, recibiendo comentarios alentadores y respuestas positivas a cómo había manejado las cosas.

—Listo, ya la hiciste. Intenta no chatear mucho con ella y te la encuentras mañana. La flaca es loca, va a caer fácil y la vas a pasar de puta madre.



No sabía si podría planear las cosas de forma tan calculadora, si estaría dispuesto a mover todos los hilos necesarios para lograr mi meta, incluso aquellos que me llevaran a las acciones más egoístas y manipuladoras. La deseaba con todas mis fuerzas, moría porque nos entregásemos en lo que prometía ser uno de los más ardientes encuentros que pudiera aspirar a tener, pero no había más que sintiera por ella. Pamela, por su parte, deslizó que quería conocerme más, cuando en realidad yo prefería no indagar en su vida ni en los trasfondos de su personalidad. Quería quedarme solo con que yo le gustaba, con que ella me deseaba también, con que ambos buscábamos lo mismo.

La noche siguiente podía resultar un desastre o la más memorable de todas. Listo o no, ahí me esperaba...


Soda Stereo - Entre Caníbales



Una eternidad
esperé este instante,
y no lo dejaré deslizar
en recuerdos quietos
ni en balas rasantes
que matan.

Ah, come de mí, come de mi carne.
Ah, entre caníbales...
Ah, tómate el tiempo en desmenuzarme.
Ah, entre caníbales...

Entre caníbales
el dolor es veneno, nena.
Y no lo sentirás hasta el fin
mientras te muevas lento,
y jadees el nombre
que mata.

Ah, come de mí, come de mi carne.
Ah, entre caníbales...
Ah, tómate el tiempo en desmenuzarme.
Ah, entre caníbales...

Una eternidad esperé este instante...

lunes, 8 de enero de 2018

Enamorarse 2.0


¿Qué es enamorarse? Ésta bien podría ser una de las grandes preguntas de la humanidad. Aunque puede contestarse desde la sociología, la psicología, la genética, la química; y en medio de esas y muchas otras disciplinas, la infaltable sabiduría popular, creo que la respuesta está demasiado lejos de ser absoluta y universal. Basta con ver la increíble variedad de opiniones que uno encuentra al respecto sin mirar muy lejos. Por darse una idea, a veces solo basta con hurgar entre quienes tenemos al lado.

La experiencia de algunos cercanos

Hace un tiempo le contaba a Danilo, mi hermano: «Creo que me estoy enamorando», señalándole superficialmente algunos de los motivos que me llevaban a afirmarlo. Su respuesta fue tan hilarante como cuestionable: «Ni cagando, huevón. ¿Mes y medio después de que conoces a esta chica, y dices que te estás enamorando de ella? ¿Tú, que sabes lo que es estar emparejado un montón de años? Nada, estás confundido. Lo que pasa es que hace mucho que no te interesas por alguien. No te estás enamorando, te estás "enchuchando"».

Era una noche tranquila, en medio de latas de cerveza que ya cumplían su función en nuestro sistema sanguíneo. "¿Enchuchando?", repetí, muriendo de risa. Y cuando estaba a punto de burlarme de esa jerga oída por primera vez, pero cuyo significado me sonaba a "encaprichando", Fernando, mi mejor amigo varón, se sumó a la opinión de Danilo: «Sí, 'mano, es eso. No seas pendejo, pues. Lo que pasa es que la flaca tiene algunas cosas que te interesan, y como hace tiempo que no sentías algo así, te estás emocionando de más». Ok, mi hermano por sí solo podía estar equivocado, y quizá también mi amigo, pero dos opiniones juntas siempre pesan más. Aunque me sentí disconforme con lo dicho por ellos, cedí: «Bueno, sí, pueden tener razón. Voy a tratar de no definir mis sentimientos tan apresuradamente».

Al fin y al cabo ambos tenían más experiencia que yo en involucrarse con nuevas personas. Más allá de que tengan novia actualmente, Danilo, un músico rebelde y despreocupado; y Fernando, un exitoso barman, conocen de sobra la vida bohemia y la relativa fugacidad con la que las chicas van y vienen en la vida de un hombre joven común. Los dos se han enamorado más de una vez, mientras que también tuvieron periodos en los que simplemente se dejaron llevar por un simple gusto (como suele decirse) y se juntaron con alguna mujer sin demasiado compromiso.

En ese sentido, creo que me encuentro lejos de ser un hombre común. Y es que es verdad: una relación de más de nueve años puede dejar importantes lecciones sobre el amor, el compromiso, la fidelidad y todos los elementos que están sobre la mesa cuando uno ya está con alguien. Pero la exposición constante a cierto tipo de aprendizaje puede privarnos de conocer otros, sobre todo cuando se es tan joven. Esto, obviamente, resulta mucho más arraigado en alguien que inició su relación de casi una década a los 14, que en un tipo que la haya comenzado siendo adulto. Así pues, las consecuencias son obvias: a mis 24 no me he enamorado, ni he tenido algún interés sentimental por alguna mujer, la cantidad de veces que a estas alturas casi cualquiera acumularía.

¿Entonces es cierto? ¿No tengo autoridad para hablar de mis propios sentimientos y de definirlos, porque no cuento con la misma experiencia que otros? Pese a aquel breve momento de duda, bajo los efectos del alcohol y ante la opinión de mis queridos y recorridos acompañantes, la respuesta es un rotundo no.

Otro tipo de experiencia

Las pocas personas que me conocen bien saben de mi modo jodidamente intenso y existencialista de ver las cosas. Muchas veces mi vida parece una eterna y agotadora búsqueda de motivos y explicaciones profundas a todo y a todos los que me rodean. Eso se suma a mi carácter profundamente aislado e introspectivo, que es causa y consecuencia de una pesada mochila de experiencias intensas que me ha tocado vivir pese a mi juventud; unas felices, y muchas otras muy de mierda.

Pero ya. No quiero desviarme, ni hacer un melodrama por hechos que ya pasaron y no vienen al caso. A lo que voy es que considero que todos esos factores me dieron un conocimiento muy marcado acerca de mí mismo, de mi personalidad, gustos, intereses, valores, sueños, ideales, y sobre todo, acerca de mis sentimientos.

Soy un pesimista empedernido, un escéptico constante, pongo todo en tela de juicio y siempre tengo un maniático cuidado al lanzar conclusiones si no hay una cantidad suficiente de argumentos. Sin embargo, si hay algo de lo que siempre puedo sentirme seguro a estas alturas de mi vida, es de todo lo relacionado a lo que siento y a lo que quiero. Puedo ser un tipo cualquiera, ser uno más en cualquier ámbito, pero creo que los golpes y las vivencias me dejaron, al menos, una madura y centrada auto-percepción.

Esa última podría ser la palabra clave para todo esto, porque ¿acaso no hay nadie mejor que uno mismo para definir y, si así lo quiere, etiquetar aquello que siente? Ninguna otra persona podrá decirnos mejor lo que nuestro corazón anhela, más allá de su sabiduría, experiencia o buenas intenciones. El quid del asunto está, entonces, en los estándares que establecemos de forma consciente o inconsciente al afirmar si estamos enamorados.

No obstante, entiendo la confusión que puede haber, ya que esos "requisitos" no son inmutables, sino que pueden cambiar por el tiempo, por las vivencias, por los traumas, por nuevos intereses, o por la inexorable madurez que llega tarde o temprano. Diez años después puedo seguir asegurándolo: yo sí me enamoré a los 14 años, perdidamente, aunque por motivos que hoy me resultarían poco suficientes o razonables. Infantiles, pese a que en ese momento puedan haber sido profundos para la edad y para cómo lo vivían mis contemporáneos.

Entonces, ¿cómo puede el Damián de 24 años afirmar que volvió a enamorarse? Sí, ese Damián más maduro, más existencialista, cuidadoso, ansioso, problemático... Bueno, tal vez este texto falle en su intento de llegar a una conclusión, pero al menos procurará poner todas las cartas sobre la mesa para aclarar este asunto de una buena vez.

Puede que las siguientes líneas no hagan más que confirmar lo obvio, que mis dedos suelten con el teclado lo que suele quedar amarrado en mi lengua, que cambiemos el condicional "podría ser" por el afirmativo "es". O tal vez nada de eso pase.


Enamorarse podría ser...


Un primer contacto memorable. Nada extraordinario, nada mágico, ningún "amor a primera vista" (cosa en la que nunca he creído), nada "de película". Un primer cruce de palabras sobrio, sin sobresaltos, pero con una fluidez absolutamente genial. Que no solo se percibiera al instante la afinidad de gustos (lo que es difícil, pero no imposible de encontrar), sino que también la hubiera en cuanto a la percepción y, de cierto modo, a la forma de vivirlos. Que quizá, por única vez en lo que llevo de vida, pueda afirmar que "hubo química" al conocer a alguien. Preguntarse si es así cuando, a esta edad, capturan tu atención desde un inicio.

Aquellas primeras conversaciones. Las incontenibles ganas de hablar con ella en los días y semanas siguientes. La procrastinación, la irresponsable cantidad de horas dedicadas a escribirle, a plantear temas que dieran a conocer sus reacciones y opiniones. Los deseos de ir descubriendo a alguien sentidos como nunca antes. La sorpresa de ver cómo te gusta casi todo lo que dice, casi todo lo que piensa y opina. "En algún momento conoceré algo que me pinche el globo y baje mi estima por ella", me dije en un inicio, para luego ver cómo el interés solo crecía más.

Admirar sus destrezas. Su modo de hablar y de escribir, su inteligencia, madurez, profesionalismo, perseverancia y talento, sumados al esfuerzo que la llevaron a donde está. Su felicidad por hacer lo que hace ahora, en correcto equilibrio con sus ambiciones y planes para el futuro. La pasión y el cariño hacia su trabajo (¡y qué trabajo genial!). La honesta humildad hacia todo lo que viene logrando, sin dejar de apreciar cuánto vale y cuánto le costó. Verla en acción, en su terreno, encontrarla tan atractiva cuando habla, cuando expone, cuando supera los nervios y otros detalles mínimos del momento para finalmente brillar. Que te encanten sus planes y sus metas, por lo que buscar motivarla a seguir adelante se da de forma casi involuntaria, porque quieres seguir viendo esa chispa en sus hermosos ojos marrones.

Admirar su corazón. Descubrir su nobleza a través de pequeños detalles, de lo que hace en su día a día. Entender cuánto ama a los suyos, lo desprendida y dedicada que es con ellos. Sentir una inexplicable paz al hablar con ella. Saber, primero por intuición y luego leyéndolo de ella, que sus anhelos personales nunca se desligan de su convivencia con los demás. Que no solo quiere ser buena en su trabajo, sino también como ser humano. Que lo que deje en este mundo, su legado, no se enfoque solo en sus metas individuales, sino también en sus seres queridos. Que te inspire, porque ¿puede haber algo más valioso y lindo que eso?

Que el tiempo se vuelva relativo. Mi hermano y mi amigo me cuestionaron por el "poco" tiempo que llevaba de conocerla para esa noche en la que conversamos. Digo yo: más que cuánto pasó desde que conociste a una persona, ¿no es lo más importante el tiempo en concreto que pasaste hablando con ella, y la calidad y profundidad del mismo? En cuestión de semanas y meses, parece que nos hubiéramos conocido más de lo que casi cualquier otro par de personas hubiera logrado en el mismo lapso.

Sentirse pleno al ayudarla. Fue una sola vez, y por alguna razón lo recuerdo con especial cariño. Un día se sintió mal por un problema y tuvo la confianza de contármelo. Afortunadamente se trató de algo sobre lo que pude aconsejarla en base a experiencias mías. Me lo agradeció mucho, con sinceridad, con lindas palabras, haciéndome notar que realmente la había ayudado, que realmente era lo que necesitaba escuchar. Fue nuevo verla en aquel breve estado de vulnerabilidad, sin la autosuficiencia que siempre había mostrado ante mí hasta entonces... Es difícil explicar lo reconfortante que se sintió. Suelo ser confidente y consejero de mis amigos, no fue esa la primera vez que tuve las palabras precisas para ayudar a alguien, pero lograrlo en dicha ocasión me hizo sentir... grande, por decirlo de alguna manera. Que por un momento estuve a la altura de lo que una chica tan especial como ella necesitaba.

Padecer aquellas sensaciones clásicas. Mariposas en el estómago, escalofríos, ansiedad, sueños, nervios... Sí, todo eso que cuentan en las típicas historias románticas que suelen disgustarme. Algo totalmente extraño para mi usual sobriedad.

Poder y querer darse a conocer. Descubrir cómo, de forma progresiva, quieres ir compartiendo con ella tu mundo: tus gustos, aficiones, sueños, temores, complejos, anécdotas, opiniones, creencias... tu historia y tu modo de ver la vida. Ver lo fácil que es bajar la guardia, cuán increíblemente sencillo y cómodo es mostrarse renegón, sensible, nostálgico y reflexivo, como no suele ocurrir frente a casi nadie.

Necesitar saber más. Intrigarse por cuánto sabes realmente sobre ella. ¿Tiene la misma confianza hacia ti? ¿Se abrió contigo en la misma proporción que tú? ¿Hay, acaso, más momentos vulnerables que prefiere no exponer contigo? No dejar de preguntarse si hay aún más cosas por valorar sobre ella, o si tiene algún defecto que la aterrice y la haga ver más normal y humana. Imaginas ambos escenarios, pero llegas a la conclusión de que, en cualquiera de los dos casos, te seguirá gustando demasiado. Ver cómo todo lo que la intuición te dijo desde un inicio sobre ella fue cumpliéndose con el correr del tiempo.

Preguntarse cómo te ve. Tal vez lo más complicado de todo esto. No saber qué siente por ti, como qué te ve. ¿También serás especial para ella? ¿Qué tipo de relación espera tener contigo? Saber que te respeta, que te tiene cierto grado de aprecio, que hay algunos gestos que podrían dar pistas de que el sentimiento es relativamente mutuo... Pero no tener nada en concreto. Sentir la desesperante sensación de ir a ciegas, de no querer imaginar ningún escenario positivo por temor a la decepción. Tu mejor amiga te dice que sí. Tú mismo, en lapsos más razonables, te dices que también. Pero en los momentos más intensos, la emoción te nubla y convierte todo en una inmensa incógnita. El escepticismo que te caracteriza te juega la peor pasada de todas.

Tener miedo. Notar cómo todos estos sentimientos crecieron como una bola de nieve, de forma espontánea, antes de ser advertido por quien sea o por tu propia razón. Te invade un tipo de inseguridad que nunca imaginaste sentir a estas alturas del partido. Sabes lo que vales, te quieres con tus virtudes y defectos, conoces tus fortalezas y debilidades, así como los pocos pero existentes aspectos que podrían ser de interés para alguien, tal vez para ella, y sin embargo... No tienes idea de qué ocurre en realidad. Desconfías de aquellos gestos en los que buscaste transmitir indirectas, dudas tanto que no sabes si fuiste demasiado evidente, o si te pasaste de implícito y en realidad no mostraste nada de tus intenciones.

Te preguntas si es muy pronto para lanzarse a la piscina, o si ya se te está yendo el tren, o si este es el momento preciso para tirar todo por la ventana. Llegaste a una riesgosa zona de confort, en la que hacer algo más que lo hecho hasta ahora podría volverse un camino de no retorno, la diferencia entre el éxito y el fracaso. El miedo a fracasar es terrible. Te das cuenta de que ya te acostumbraste a ella, a tenerla ahí, a esperar sus mensajes, sus saludos, a saber cómo le fue en el día... Aunque no es nada tuyo, te aterra la idea de perderla, mucho más aún si es por algún malentendido, o peor: por algún error tuyo, lo que sería imperdonable.

En resumen, enamorarse es complicarse la vida. Es llenarse de anhelos, deseos, ilusiones, temores y otros sentimientos hacia alguien; sin los cuáles podrías vivir perfectamente, pero que por alguna razón inexplicable, no haces más que perseguirlos. Porque no quieres admitir que, en medio de ese pesimismo, de esa predecible espera por lo peor, hay una esperanza escondida, un grito de felicidad queriendo desatarse, la búsqueda de un beso que confirme todo.

Finalmente, si me vuelvo a poner jodido con lo de no caer en ideas absolutas, diría que cada párrafo escrito anteriormente podría no definir nada. Sin embargo, si todo eso junto no es enamorarse, ¿qué diablos sí lo sería?

Hozier - From Eden



Babe
Nena,
There's something tragic about you
hay algo trágico en ti,
Something so magic about you
algo tan mágico en ti...
Don't you agree?
¿No te parece?

Babe
Nena,
There's something lonesome about you
hay algo solitario en ti,
Something so wholesome about you
algo muy saludable en ti...
Get closer to me
Acércate a mí.

No tired sighs,
No hay suspiros cansados,
no rolling eyes,
ni miradas desdeñosas,
no irony
ni ironías,
No 'who cares',
ningún "a quién le importa",
no vacant stares,
ni miradas vacías,
no time for me
ni tiempo para mí...

Honey, you're familiar
Cariño, me eres familiar
like my mirror years ago
como mi espejo años atrás.
Idealism sits in prison,
El idealismo se sienta en prisión,
chivalry fell on its sword
la caballerosidad cae sobre su espada,
Innocence died screaming,
la inocencia muere gritando.
honey, ask me I should know
Cariño, pregúntame, yo debería saberlo.
I slithered here from Eden
Me deslicé hasta aquí desde el Edén,
just to sit outside your door
solo para sentarme afuera de tu puerta.

Babe, there's something wretched about this
Nena, hay algo desdichado en esto,
Something so precious about this
algo tan precioso en esto...
Oh what a sin
Oh, qué pecado

To the strand a picnic plan
para el hilo de un plan de picnic
for you and me
para ti y para mí.
A rope in hand for your other man
Una cuerda en la mano para que tu otro hombre
to hang from a tree
cuelgue de un árbol.

Honey, you're familiar
Cariño, me eres familiar
like my mirror years ago
como mi espejo años atrás.
Idealism sits in prison,
El idealismo se sienta en prisión,
chivalry fell on its sword
la caballerosidad cae sobre su espada,
Innocence died screaming,
la inocencia muere gritando.
honey, ask me I should know
Cariño, pregúntame, yo debería saberlo.
I slithered here from Eden
Me deslicé hasta aquí desde el Edén,
just to sit outside your door
solo para sentarme afuera de tu puerta.

Honey, you're familiar
Cariño, me eres familiar
like my mirror years ago
como mi espejo años atrás.
Idealism sits in prison,
El idealismo se sienta en prisión,
chivalry fell on its sword
la caballerosidad cae sobre su espada,
Innocence died screaming,
la inocencia muere gritando.
honey, ask me I should know
Cariño, pregúntame, yo debería saberlo.
I slithered here from Eden
Me deslicé hasta aquí desde el Edén,
just to sit outside your door
solo para sentarme afuera de tu puerta.

lunes, 10 de octubre de 2016

Finding ways to stay... Solo


"Y, frente al mar, vamos Lima la horrible y yo, por el malecón de Miraflores... Y volvemos por una cerveza". Ese soy yo, parafraseando al gran Damon Albarn en la canción de Blur "This is a low". Parafraseando pésimamente, valga decirse, pues Lima no es la "Pretty England", ni la vista del malecón de Miraflores es la del golfo de Biscay. Y bueno, tampoco es que siquiera tenga la costumbre acompañar elegantemente mi soledad con uno de los pocos rincones hermosos de esta peligrosa, desigual y gris ciudad.

En resumen, este parafraseo resulta un fracaso total. No es ni la sombra de cómo me gustaría, al menos, apaciguar mi inquietante falta de compañía con un poco de aire fresco, brisa marina, una hermosa vista hacia la puesta de sol veraniega, con un montón de gente pasando, haciendo un bulto, viviendo tranquilamente un día de relajo en uno de los pocos sitios lindos que hay por aquí. Si estuviera sentenciado de por vida a este aislamiento del corazón, al menos me gustaría poder llevar mi condena en paz y con la frescura ya descrita. Desgraciadamente, uno ya ni siquiera puede sentarse a respirar y exhalar despacio al menos algo del grito ahogado que lleva dentro, o contarle al mar las penas, o buscar un poco de solidaridad de los animales que pasan en su despreocupado andar. Las exigencias del ajetreado, global y nuevo mundo han secuestrado esos pequeños detalles que le daban algo de apacibilidad a aquella infeliz experiencia.

Damon, si pudiera conocerte alguna vez, aún con todo el cariño que le tengo a tu más famosa banda, creo que lo primero que te preguntaría no sería algo sobre ella. No sin algo de triste egocentrismo, pienso que optaría por preguntarte primero si la soledad era menos triste en la Inglaterra de los 90's, aún sin la explosión informática del nuevo milenio. Te preguntaría si resultaba menos tortuoso un aislamiento que solía ser más real e incomunicado, y no uno en el que la comunicación con la gente a la que extrañas, o con la que podrías intentar establecer un nuevo lazo, está a solo un clic. Porque esta contradicción, francamente, resulta molesta.

Transcurre el día a día con el mismo apuro por comer, alistarse, tomar un tren en el cual apretarte incómodamente con otra gente igual de apurada, llegar al trabajo, producir lo más que se pueda, volver lo antes posible a la estación, comer un poco más e intentar dormir temprano para seguir siendo igual de "funcional" al día siguiente. Aunque no sé, Damon, en otra canción tuya, "The Universal", ya mencionabas algo de esto, aunque no puedo saber si lo hiciste como un vaticinio o a modo de resignación frente a una realidad ya palpable.

Por 1995, cuando compusiste aquel himno noventero, estaba yo demasiado pequeño, demasiado feliz en una hermosa familia, y demasiado inexperto como para darme cuenta de que la de mi generación era un estilo de niñez más vívido y juguetón que, más que estar en peligro de extinción, tenía los días ya contados. Una generación condenada a crecer mientras observaba cómo la cultura de la inmediatez absorbía nuestras vidas, o condenada a ser absorbida sin darse cuenta. Da igual, las dos opciones resultan profundamente desalentadoras.

Damon, tú que tenías ya 27 años, ¿fue un desencanto para ti todo esto? Me encantaría saberlo, me encantaría entender si estoy siendo un enorme y egoísta idiota, incapaz de apreciar lo beneficioso que ha sido para mucha gente que se den estos cambios, o si a lo mejor me encuentro entre los pocos lúcidos capaces de desencantarse de esta llamada aldea global. O si tal vez solo soy un resentido distorsionando la realidad para tener un mundo al cual culpar de su miseria, siendo esta total responsabilidad suya.

Quién sabe, Damon. Ahora dejaré de dirigirme a ti imaginariamente para volver a no tener a quién dirigirme con todas estas cuestiones, las cuales no pueden terminar de florecer por falta de sol y de lluvia, quedando ocultas, grises y polvorientas; ahogadas bajo techos de casas, trenes y oficinas en medio de la incesante y asfixiante rutina. Esta, pues, es la vida moderna de los solitarios: una que transcurre agitada en medio de más gente agitada, física y virtualmente hablando. La de una tragicómica y casi imperceptible ironía.


Blur - This is a low


And into the sea
Y, dentro del mar,
Goes pretty England and me
vamos la linda Inglaterra y yo,
Around the Bay of Biscay
al rededor del Golfo de Vizcaya.
And back for tea
Y regresamos por el té.

Hit traffic on the Dogger bank
Nos topamos con el tráfico en el Banco de Dogger,
Up the Thames to find a taxi rank
subiendo por el Támesis para hallar una parada de taxis.
Sail on by with the tide and go to sleep
Sigo navegando por la marea y me voy a dormir.
And the radio says
Y la radio dice:

This is a low
Esto es un bajón
But it won't hurt you
pero no te hará daño.
When you are alone
Cuando estés solo,
It will be there with you
ella estará ahí contigo,
Finding ways to stay solo
encontrando maneras de estar solo.

On the Tyne forth and Cramity
En Tyne, Forth y Cromarty,
There's a low in the high forties
hay una baja en los altos años 40's,
And Saturday's locked away on the pier
y el sábado se quedó encerrado en un muelle,
Not fast enough dear
no lo suficientemente rápido, querida.

On the Malin Head
En Malin Head,
Blackpool looks blue and red
Blackpool se ve azul y roja,
And the queen, she's gone round the bend
y la reina se fue rodeando la curva,
Jumped off Land's End
saltó de Land's End
Radio says
La radio dice:

This is a low
Esto es un bajón
But it won't hurt you
pero no te hará daño.
When you are alone
Cuando estés solo,
It will be there with you
ella estará ahí contigo,
Finding ways to stay solo
encontrando maneras de estar solo.

This is a low
Esto es un bajón
But it won't hurt you
pero no te hará daño.
When you are alone
Cuando estés solo,
It will be there with you
ella estará ahí contigo,
Finding ways to stay solo
encontrando maneras de estar solo.

This is a low
Esto es un bajón
But it won't hurt you
pero no te hará daño.
When you are alone
Cuando estés solo,
It will be there with you
ella estará ahí contigo,
Finding ways to stay solo
encontrando maneras de estar solo.