miércoles, 25 de enero de 2023

Viaje de escape



Me voy a México por un mes. Tengo buena parte de mi itinerario programado, ya sé más o menos qué lugares visitaré, con qué amigos me encontraré y qué planes habrá. De lo que no estoy para nada seguro es de qué pienso encontrar o descubrir exactamente a nivel emocional o existencial.

Inicialmente, el viaje iba a ser de unos pocos días para asistir al concierto de José Madero, mi artista favorito, y para encontrarme con amigos y suscriptores del canal de YouTube en el que reseño su música con su exbanda, PXNDX, y la que viene haciendo como solista. Nunca había hablado sobre aquel proyecto en este blog; eso se lo achaco a mi mala costumbre de dedicar muy pocos textos a momentos o facetas de mi vida que me generen orgullo y satisfacción. Fue así como comenzó mi relación con México, país en el que el canal es más popular y que es el único que me ofrece las posibilidades y los apoyos para emprender algo como esto.

La ruptura con Sabrina me llevó a la decisión de aventurarme y desaparecer por un buen tiempo de Lima, de sus distritos y de los lugares en los que me tocó vivir tantas cosas hermosas junto a ella, y tantas otras muy desafortunadas años antes. Nunca me había ido por tanto tiempo de mi ciudad y además lo haré solo, sin que nadie de aquí me acompañe.

No siento miedo o nervios. Por suerte, tengo allá a personas que me quieren y a las que yo quiero, y que sé que me cuidarán. Lo que me inquieta en este momento es las expectativas que tengo sobre estas semanas fuera. Es un cliché muy conocido el buscar una especie de autodescubrimiento en este tipo de viajes. Dicen que experiencias como esta te abren la mente y te cambian la vida como pocas cosas, pero no podré dar fe de ello hasta vivirlo por mi cuenta.

Mantengo cierto escepticismo sobre cuánto vaya a causar en mí esta estadía en México, sobre si llegará a ser tan transformadora. Sin embargo, siento también la certeza de que no volveré siendo exactamente el mismo David que dejó de empacar por un rato para escribir estas palabras.


Café Tacvba - Vámonos




Toma tus cosas y vámonos ya
Si no corremos nos van a dejar
Ponte tu casco y tu traje espacial
La carretera no puede esperar

¿Dónde vamos?

Las nubes viajan detrás del cristal
Y las montañas se vienen y van
Yo te regalo esta flor que encontré
En tu cabello, que bien, mírate
¿Dónde vamos?
¿Dónde estamos?

Y nuestra casa se quedó allá atrás
Allá adelante, ¿qué iré a encontrar?
Por mientras canto:
Tu Tururu TururuTururururu
Tu Tururu TururuTururururu

En este camino no hay nadie más
Tu eres la reina y yo soy el rey
En esta arena te hice un collar
Es de conchitas duras de carey

Y nuestra casa se quedo allá atrás
(La casa no se ve ya más)
Allá adelante, ¿qué iré a encontrar?
(No sé que vamos a encontrar)
Y mis amigos que aquí ya no estan
(y mis amigos, ¿dónde están?)
Como las olas que vienen y van...
(como las olas)
Canto:
Tu Tururu TururuTururururu
Tu Tururu TururuTururururu...

       



jueves, 19 de enero de 2023

Sabernos humanos

 


El último gran regalo que me dejó Sabrina fue empujarme a retomar la terapia. Poco después, cuando la tomé por sorpresa con la decisión de nuestra ruptura, contactó a algunos de mis seres queridos más cercanos para pedirles que por favor me cuiden y se aseguren de que no descontinúe mi proceso. Y aquí estoy, escribiendo estas palabras tras mi tercera cita con Florencia, mi nueva psicóloga.

Sería engorroso explicar cómo se dio toda la conversación, pero, en resumen, hubo mucho hincapié en lo severo que soy conmigo mismo, en cuánto me exijo no solo en el trabajo o en mis proyectos, sino también en tener todo bien claro y definido a nivel emocional. Cuestiono cada sentimiento, cada sensación, el propósito de toda decisión que tome, por muy pequeña que sea. Es como si, en mi vida, no me permitiera dejar un margen mínimo para equivocarme, para hacer o decir algo solo porque sí, porque me da la gana, sin pensar en que todos mis caminos deben conducir a la plenitud, o por lo menos representar atajos hacia ella. 

Me da ansiedad el paso del tiempo y calculo cada uno de mis pasos como si todos pudieran tener un efecto mariposa que repercuta en el resto de este año, o en el siguiente, o en mis treintas en total para cuando lleguen. Odio la inercia, la incertidumbre, la falta de control sobre las cosas. Veo a la vida como un conjunto azares en el que lo más probable es tener un saldo final insatisfactorio sobre lo que nos tocó vivir y que, por ello, es importante pensar muy bien cuánto vale la pena cada elección que hacemos. No sé cuántos años llevo así; y aunque es francamente agotador, no conozco otra manera guiarme.

Tras escucharme, Florencia me explicó que todos tenemos por dentro distintos jueces respecto a lo que hacemos. En una metáfora, me dijo que imagine el transcurso de mi vida como un viaje en auto. Dentro del vehículo están esos jueces y van intercambiándose el volante en diferentes épocas. Los demás, aunque no conduzcan, pueden tener igual un rol importante como copilotos o como guías que opinen sobre la ruta que vamos trazando.

El problema, en mi caso, es que es el juez más severo quien me conduce. Mientras tanto, los más compasivos, los que me dirían que lleve las cosas con calma, o que es válido tropezar y equivocarse, o tomarme mi tiempo, están encerrados y amordazados en la maletera. He depositado mi confianza en el más estricto por tanto tiempo, que me he olvidado de dar su lugar a los demás.

Le conté a mi psicóloga lo errático que he estado en este último par de semanas sobre mis sentimientos, mis acciones y mi interpretación de los mismos. Fue entonces que me explicó esa metáfora y me dejó la conclusión más importante de esta sesión: recordar que soy humano, permitirme estar desorientado, normalizar las dudas y la falta de un horizonte. 

Me preguntó también qué le diría yo a una persona que tenga exactamente las mismas aflicciones, y la conclusión fue que, definitivamente, sería mucho, muchísimo más empático y comprensivo con ella. Le aconsejaría, como haría con cualquier amigo o amiga, no castigarse tanto por no tener respuestas. Le diría que todo esto forma parte de la vida, y que está bien.

Es estúpidamente obvio, lo sé, pero estaba tan nublado que simplemente lo olvidé. Pese a tener esta revelación, todo sigue confuso y triste. Sin embargo, sé al menos que puedo y debo permitirme esa compasión. No sé si todo vaya a estar bien, pero estoy dando mi mayor esfuerzo. Merezco reconocérmelo a mí mismo.


José Madero - Lo Dorado Desvanece




Acostado en las noches pregunto al vacío:
"¿Qué diablos es que hago yo aquí?"
Aplausos no tomo, elogios tampoco
¿Acaso me los merecí?
Suena una orquesta, mi reflejo no me deja huir
Y, sin embargo, le tengo que hablar de ti

No hagas caso a esa voz, yo entiendo
El espejo jamás te ha hecho honor
Y, sin embargo, olvidé darte amor

Frente al espejo te veo un poco viejo
No entiendo qué es lo que tе ven
Me siento invisiblе y no me es posible
Que de alguien levante interés
Molestan las respuestas que me dan cuando doy mi inquietud
Y, sin embargo, el problema es entre yo y tú

No hagas caso a esa voz, yo entiendo
El espejo jamás te ha hecho honor
Y, sin embargo, olvidé darte amor

Oh, no hagas caso a esa voz
Yo te juro mañana el mundo tendrá otro color
Y, sin embargo, no soy yo el pintor
No, señor

No esperemos que todo mejore
Esperemos no vaya a empeorar
Cerremos los ojos, relaja la faz

No esperemos que todo mejore
Esperemos no vaya a empeorar
Cerremos los ojos, relaja la faz

No hagas caso a esa voz
El camino sinuoso confunde igual a los dos
Y, sin embargo, olvidé darte amor

Oh, no quiero escapar
Sino hacerme capaz de amarte
Aunque sea por piedad
Y, sin embargo, no lo logre quizá

       



jueves, 5 de enero de 2023

El amor no lo supera todo

 

Hace algunos años aprendí que el amor no es la fuerza más poderosa sobre la faz de la Tierra. No lo aprendí como muchos jóvenes de mi edad o algo menores lo vienen haciendo en estos tiempos: leyéndolo en posts de redes sociales, en tweets o en libros para hipsters; o escuchándolo en YouTube o en TikTok. Ojalá hubiera sido así de fácil para mí, como cuando a alguien le explican por qué la tierra es redonda o por qué el hombre sí llegó a la luna. Pero no fue el caso.

Esa tal vez haya sido la lección más grande que me dejó Rebeca. Nuestra relación fue como un huracán que arrasó mi vida durante 9 años y dejó escombros que hasta el día de hoy no terminan de ser recogidos; pero si algo debo rescatar de todo ello es haber aprendido a la mala, a los golpes, a las puñaladas, que el amor no lo supera todo.

A los catorce años le prometí cuidarla para siempre y que mi entrega hacia ella iría más allá de todo obstáculo, incluyendo todos sus problemas psiquiátricos, su dependencia emocional y los maltratos que pudiera sufrir yo de parte de ella, aunque recién los dimensioné del todo muchísimo tiempo después. Sin embargo, como bien dicen, el tiempo es la mejor medicina para todos los males, pero también la que más duele y la que más tarda.

Transcurrieron los años y lo que me llevó a terminar con Rebeca no fue el que ella no sea una persona funcional para trabajar, estudiar o socializar, ni que me haya absorbido la vida de mil maneras, ni que me haya fingido un embarazo y un parto para retenerme en su vida. Ninguna de esas situaciones devino directamente en la ruptura. En realidad, fueron el tiempo, el hartazgo, y el choque con la realidad de que las cosas nunca mejorarían, lo que me hizo dejarla.

Pudo haber sido cualquier cosa antes: que me hiciera consciente del daño, que me invadiera el rencor, que tuviera la noción consciente de que era lo mejor para mí... Pero siendo honesto, ninguno de esos argumentos fue el verdadero detonante. La decisión llegó solo cuando me terminé de dar cuenta de que mi amor no iba a superar todo eso, que mis ganas no la ayudarían a salir adelante y que mi esfuerzo caería en saco roto por siempre, o al menos mientras siguiera con ella.

Seis años después, por el mismo motivo pero desde la otra vereda, he dejado ir a Sabrina, el amor de mi vida.

El 2022 me trajo el periodo de depresión más agudo que he tenido en por lo menos 10 años, desde la época en que peor me tocó sufrir a Rebeca. No detallaré en este post los pormenores porque pienso hacerlo en otros más adelante, pero el resumen es que cargo con una tristeza y una desolación enormes que, en esta ocasión, no han disminuido con la medicina como sí ocurría antes. Y lo peor: han revuelto todo mi mundo, mis creencias y metas, al punto de no tener la menor idea de qué quiero en el amor, en lo profesional y en la vida en general.

A diferencia de otros lapsos depresivos en los que Sabrina me acompañó como un ángel, esta vez no hay nada que me levante: ni las pastillas, ni mis proyectos, ni nuestros planes, ni sus besos y abrazos. Y aunque definitivamente no tengo el diagnóstico, ni los problemas ni los pecados de Rebeca, no puedo evitar verme reflejado en ella en este momento, siendo apenas funcional para mi día a día y observando cómo la persona que me ama está ahí, incondicional pero sin poder hacer nada al respecto. Por el contrario, en los últimos meses su amor solo me genera más culpa y frustración ante mi incapacidad de estar bien.

En este punto, me es imposible tener la certeza de que vaya a recuperarme, o de que, al hacerlo, retome todos los planes, sueños e ilusiones que teníamos para nuestro futuro. Confío en que puedo recobrar el buen estado de ánimo, pero no en que vuelva a ser el Damián que cree en un "por siempre" junto a ella o junto a cualquier otra persona. 

No pienso aceptar esta indignidad. No quiero ser esa carga, ni esa eterna preocupación o frustración. Confío en la buena voluntad de Sabrina, en su bondad, en su amor y en sus ganas de quedarse a mi lado durante mi proceso, pero también soy consciente de su inocencia y de su inexperiencia en este tipo de situaciones. Me niego a dejarle gastar años, amor y energías en este enfermo que no puede ofrecer ninguna garantía de estar bien y funcional para una relación comprometida.

Sé que pude haber sido precipitado y radical, que pude haber sido irrespetuoso con su libertad de elegir, de decidir seguir conmigo. Pero el asco y el profundo rechazo hacia la idea de convertirme en "su Rebeca" me superan, me nublan y me alejan de cualquier sensación o aspiración de bienestar a su lado. Es, al parecer, otra de las cosas que el amor no puede superar.


The Smiths - Asleep



Sing me to sleep
Cántame para dormir,
Sing me to sleep
cántame para dormir.
I'm tired and I
Estoy cansado y
I want to go to bed
quiero ir a la cama.
Sing me to sleep
Cántame para dormir,
Sing me to sleep
cántame para dormir
And then leave me alone
y luego déjame solo.
Don't try to wake me in the morning
No intentes despertarme por la mañana
'Cause I will be gone
porque ya me habré ido.

Don't feel bad for me
No te sientas mal por mí.
I want you to know
Quiero que sepas
Deep in the cell of my heart
que en la profunda celda de mi corazón
I will feel so glad to go
me sentiré muy contento por irme.

Sing me to sleep
Cántame para dormir,
Sing me to sleep
cántame para dormir.
I don't want to wake up
No quiero despertar
On my own anymore
solo nunca más.
Sing to me
Cántame,
Sing to me
cántame,
I don't want to wake up
no quiero despertar
On my own anymore
solo nunca más.

Don't feel bad for me
No te sientas mal por mí.
I want you to know
Quiero que sepas
Deep in the cell of my heart
que en la celda de mi corazón
I really want to go
realmente quiero irme.

There is another world
Hay otro mundo,
There is a better world
hay un mundo mejor,
There must be
debe haberlo...
Well, there must be
Bueno, debe haberlo.
Well, there must be
Bueno, debe haberlo.
Well, there must be
Bueno, debe haberlo.
Well...
Bueno...

Bye, bye
Adiós, adiós,
Bye, bye
adiós, adiós,
Bye...
adiós...

viernes, 16 de diciembre de 2022

Inercia

Nunca había estado así de deprimido. Y no lo digo en términos cuantitativos, sino más bien desde un punto de vista cualitativo. He vivido algunos picos de dolor emocional muy grandes a lo largo de mi vida que están debidamente identificados entre mis recuerdos, pero esto es diferente. 

Hoy, curiosamente, creo que hasta desearía alguna una vivencia similar por el simple hecho de poder llorar, de necesitar un abrazo, de ahogar un grito, de SENTIR nuevamente algo intenso, sea lo que sea. Hace algún tiempo que solo deambulo como un zombie, como un ente existiendo por inercia sin metas, sin sueños, sin esperanzas, sin una pasión real por algo. 

Tengo depresión desde la adolescencia, pero mi convivencia con ella siempre se había dado con una especie de lucidez mental que me permitía saber con exactitud qué me angustiaba y qué podría aliviarme de alguna manera, más allá de si la solución fuera alcanzable o no.

Nunca había estado tan perdido, pero sobre todo, tan incapacitado de imaginar escenarios, personas o acontecimientos hipotéticos que despejen la niebla que empaña todos mis pensamientos. Mi pasado, presente y futuro fluyen por mi mente a toda velocidad en distintos momentos del día con un desencanto que se siente incurable.

¿Qué me mantiene vivo? Diría que, en parte, me sostiene mi razonamiento matemático. He cumplido 29 hace poco, sigo estando relativamente joven. Se supone que me queda toda una vida por delante para poder enderezar el camino y buscar un propósito de vida que me entusiasme. En teoría, tengo el tiempo a mi favor, pero vivo con el temor constante de que este se pase en un chasquido.

Es una maldición tener tan buena memoria. Recuerdo con muchísima claridad traumas de mis 19 años y por momentos me cuesta creer que ya pasó una década. Lo peor es que se supone que el tiempo se pasa cada vez más rápido conforme uno envejece, y a la misma velocidad se van recortando las oportunidades de dar más significado a nuestra historia.

Aunque no puedo ponerme por completo en los zapatos de mi versión del futuro, tengo hoy una sensación muy fuerte de que, si este mismo estado emocional me invadiera a los 50 o 60 años, contemplaría seriamente la decisión de terminar esta miseria con mis propias manos.


Alice In Chains - Nutshell



We chase misprinted lies
Perseguimos mentiras mal impresas,
We face the path of time
enfrentamos la trayectoria del tiempo.
And yet I fight
Y aún peleo,
And yet I fight this battle all alone
y aún peleo esta batalla completamente solo.
No one to cry to
No hay nadie a quien llorar,
No place to call home
ningún lugar al cual llamar hogar.

My gift of self is raped
Mi don de sí es violado,
My privacy is raked
mi privacidad es rastrillada.
And yet I find
Y aún peleo,
And yet I find repeating in my head
y aún peleo, repitiendo en mi cabeza.
"If I cant be my own
"Si no puedo ser yo mismo,
Id feel better dead"
muerto me sentiría mejor".


jueves, 13 de octubre de 2022

Apego evitativo: temer al éxito en el amor


Hace un par de días conversaba con una amiga muy querida sobre algunas crisis de pareja que tuve durante los últimos meses. Tras describirle la dinámica de la relación, los problemas que tuvimos, y la inequidad que sentía respecto a las muestras de afecto y la cantidad de tiempo que cada uno busca o prefiere compartir con el otro, me dijo que averigüe sobre el concepto psicológico del "apego evitativo". 

Al día siguiente, durante la mañana, me aventé algunos tiktoks, y luego algunos podcasts con psicólogos hablando sobre el tema. Suelo ser muy cuidadoso al identificarme con los patrones descritos en cualquier tipo de test psicológico popular, casi tanto como lo suelo ser con cosas mucho más triviales y comprobadamente falsas como los horóscopos, pero lo que escuché de parte de todos esos especialistas fue tan dolorosamente exacto...

Esta es la primera respuesta que me arrojó Google al escribir el término "apego evitativo": "El estilo de apego evitativo tiene que ver con relaciones desconfiadas y distantes y se observan conductas como poca autonomía emocional, miedo a la intimidad, dificultad para establecer relaciones y para las manifestaciones afectivas, ideas pesimistas sobre el amor, aparente facilidad para la ruptura e inseguridad". Obviamente es un súper resumen, pero creo que basta para entender más o menos la idea. 

Sabrina, mi novia, me visitó en la noche. Teníamos una conversación pendiente sobre cierto problema de nosotros; y después de hablar sobre eso, le conté todo lo que había visto, escuchado y leído sobre el apego evitativo. Apenas el domingo habíamos tenido un día muy tranquilo y bonito después de algunas semanas complicadas para ambos. Todo iba bien hasta que, poco antes de despedirme, sentí un bajón de energía y una tristeza muy repentinos. Solo quería llegar a mi casa, echarme y que sea el día siguiente para meterme de nuevo a la rutina del trabajo y "descansar" de la relación.

Pensarlo y escribirlo así me hace sentir horrible y culpable, pero creo que es lo que ocurrió al fin y al cabo. Mientras Sabrina me abrazaba y me hablaba de lo bonito que lo pasamos, de cuánto me extrañaría, y de lo largos que se le harían los siguientes cinco días hasta volver a vernos, yo sentía cierto alivio de tener esos días de espacio, como si todo su amor y lo maravillosa que es conmigo fuese algo que me abruma, o algo de lo que no estoy a la altura.

Le explicaba todo eso a mi novia mientras rompí en llanto como no se había dado en muchísimo tiempo, aún teniendo, durante estos últimos meses, más de un motivo para haberlo hecho antes. Estaba lleno de impotencia. ¿Por qué, sobre todo después de lo que me tocó vivir anteriormente, no puedo simplemente entregarme al amor y olvidarme de todas mis teorizaciones negativas al respecto?

Minutos después, le conté a Sabrina cómo, en el mayor momento de crisis, me sentía totalmente preparado para que ella terminara conmigo, y hasta había formado mil películas en mi cabeza sobre cómo sería mi vida después de que me deje. Esto incluía el luto post ruptura, mi triste conclusión de no servir para esto del amor, y mi frustración de haber provocado el fracaso de lo que era una relación soñada y absolutamente anhelada por el Damián que dejó atrás la oscura historia con Rebeca.

Eso también me llevó a recordar el momento en que, después de muchos meses de ansiedad, de depresión, y de un pesimismo incontrolable hacia el futuro, me armé de valor para decirle a Sabrina lo que llevaba pensando con angustia desde hacía un tiempo: que ya no me sentía capaz de cumplir con nuestros planes a largo plazo. Ni casarnos, ni convivir, ni hablar siquiera de un "por siempre", o de escenarios de nosotros siendo una pareja de más viejos; nada que implicara una promesa hecha hoy para tiempos en que quién sabe cuánto habremos cambiado tanto ella como yo.

Para Sabrina, esa confesión fue un golpe durísimo. Con la voz quebrada y sus lágrimas rodando, me dijo, sin ninguna intención de herirme, una de las cosas más dolorosas que me haya tocado escuchar en los últimos años: que, obviamente, ella era consciente de que toda relación a largo plazo, y todo plan en pareja a largo plazo, implica riesgos, pero que lo que la motivaba a sacarlos adelante es, por supuesto, el mayor peso del entusiasmo hacia todo lo bonito que podía venir a partir de ello.

Primero me sentí como un imbécil, y luego, como una persona incalculablemente alienada por la negatividad hacia las cosas. Me había nublado al punto de no solo no sentir, sino también, incluso, ni siquiera poder hacer un balance racional de todos los aspectos positivos de una vida juntos, de que es por eso que uno decide hacerlo con la persona a la que ama, aunque no exista una garantía total de éxito. 

Y bueno... Me encantaría decir que con esa "revelación" quedaron de lado mis complejos, al menos lo suficiente para abrazarla y aferrarme más a la ilusión de esa vida juntos. Quisiera contar que, a partir de ahí, el entusiasmo por esos planes terminaron ganándole el terreno al miedo. Pero no. Simplemente sirvió para darme cuenta de lo roto que estoy y de lo mucho que me intimida -y me angustia- prometer un "por siempre" del que me siento absolutamente incapaz. Solo sirvió para quedarme paralizado. Felizmente, porque Sabrina fue en ese momento mucho más de lo que yo merecía, esa inmovilidad no terminó volviéndose una profecía autocumplida con ella dejándome.

En mi defensa, si cabe expresarlo así, debo decir también que esa incapacidad no la siento solo con respecto a mí, sino con la vida en general. Creo realmente en el amor de Sabrina, en su sinceridad y en su auténtica ilusión de tener esa vida junto a mí. Sin embargo, creo más en la fuerza y en la crueldad de la vida misma, del paso del tiempo, del deterioro de las personas y de las relaciones aplastando casi toda buena voluntad humana. 

No digo con esto que el amor real y para toda la vida sea algo imposible. Creo que sí puede darse, pero que solo ocurre con una cantidad ridículamente pequeña de personas que reúnen tres cosas: primero, las herramientas emocionales para construirlo; segundo, una voluntad infranqueable para mantenerlo; y tercero, la suerte de encontrar a la persona ideal para ese plan juntos, que, además, cumpla también con los dos primeros puntos.

Perdón. Creo que se me olvidó un cuarto punto muy importante: que, por lo que duren las vidas de las dos personas que conforman una pareja, no surja ningún echo externo a la relación y ajeno al control de ambos que, por algún motivo, repercuta tan negativamente en uno de ellos, o en ambos, hasta llevarlos a la ruptura.

Si la vida es una puta mierda y las probabilidades de lograr algo así son tan mínimas, sobre todo para alguien con los complejos que yo cargo ¿por qué tendría que tocarme el ser uno de esos poquísimos privilegiados? 

Ni siquiera sé cuánto de mi manera de abordar el amor tiene que ver con issues míos que deben ser resueltos en terapia, o cuánto tiene que ver con que simplemente así soy, de manera irremediable. Evidentemente, tengo un largo camino por delante y puedo -y quiero- estar mejor de lo que estoy ahora. Pero no puedo asegurar nada y por eso vengo una vez más a este mísero blog que, sin que esa fuera su propósito inicial, se sigue consolidando como un repositorio de mis lamentos.

Sé que mi vida no es totalmente miserable. He vivido cosas muy bonitas y satisfactorias; no solo a nivel personal, sino también con mi amada Sabrina. Pero aquí estamos, conmigo sintiéndome culpable por enésima vez al notar de nuevo, mientras escribo estas palabras, lo poco predispuesto que he estado todos estos años a registrar por este medio nuestros momentos felices.

Qué fácil me es conectar con la tristeza, el dolor y el pesimismo. Qué difícil es dejarme abrazar por la ilusión.

John Lennon - How?




How can I go forward when I don't know which way I'm facing
¿Cómo puedo avanzar si no sé a qué camino me enfrento?
How can I go forward when I don't know which way to turn
¿Cómo puedo avanzar si no sé qué camino tomar?
How can I go forward into something I'm not sure of
¿Cómo puedo avanzar en algo de lo cual no estoy seguro?
Oh no, oh no
Oh, no, oh, no...

How can I have feeling when I don't know if it's a feeling
¿Cómo puedo sentir, cuando no sé si se trata de un sentimiento?
How can I feel something if I just don't know how to feel
¿Cómo puedo sentir algo si simplemente no sé cómo sentir?
How can I have feelings when my feelings have always been denied
¿Cómo puedo tener sentimientos, cuando estos siempre me han sido negados?
Oh no, oh no
Oh, no, oh, no...

You know life can be long
¿Sabes?, la vida puede ser larga,
And you got to be so strong
y tienes que ser muy fuerte.
And the world is so tough
Y el mundo es tan duro...
Sometimes I feel I've had enough
A veces siento que he tenido suficiente.

How can I give love when I don't know what it is I'm giving
¿Cómo puedo dar amor cuando no sé qué es esto que estoy dando?
How can I give love when I just don't know how to give
¿Cómo puedo dar amor cuando simplemente no sé cómo dar?
How can I give love when love is something I never had
¿Cómo puedo dar amor, cuando amor es algo que jamás he tenido?
Oh no, oh no
Oh, no, oh, no...

You know life can be long
¿Sabes?, la vida puede ser larga,
And you got to be so strong
y tienes que ser muy fuerte.
And the world is so tough
Y el mundo es tan duro...
Sometimes I feel I've had enough
A veces siento que he tenido suficiente.

How can I go forward when I don't know which way I'm facing
¿Cómo puedo avanzar si no sé a qué camino me enfrento?
How can I go forward when I don't know which way to turn
¿Cómo puedo avanzar si no sé qué camino tomar?
How can I go forward into something I'm not sure of
¿Cómo puedo avanzar en algo de lo cual no estoy seguro?
Oh no, oh no
Oh, no, oh, no...





martes, 8 de marzo de 2022

9 años de oscuridad

 



El próximo año cumpliré 30. Para cuando ese momento llegue con sus típicas reflexiones sobre el pasado y el futuro, me impuse a mí mismo el proyecto personal de armar un enorme álbum en Google Photos, recogiendo fotografías que abarcaran desde mi niñez hasta el cumplimiento de la bendita tercera década. ¿Para qué lo hago? No para publicarlo, por supuesto; solo es una idea que se me vino a la mente y que se me hizo bonita en su momento, como algo que me ayudaría a terminar de hacer la paz con los logros, las alegrías, las frustraciones y las penas que he habré acumulado hasta ese punto de mi vida.

Semanas atrás terminé una compilación de fotos contenidas en mi smartphone, en mis redes sociales y en mi computadora personal. El siguiente paso -realizado hoy- consistía en hurgar entre los archivos de mi madre para hallar las fotos de las cámaras digitales y los celulares que, más o menos desde el año 2007, registraron la mayor parte de nuestros momentos familiares.

El ejercicio comenzó muy bien. Me volví a topar con mi yo de 12 años, con mis hermanos menores aún más pequeños que yo, con tíos y primos menos agrietados por el tiempo, con viejos profesores, entre otras cosas simpáticas. Todo formaba un bello, gracioso y nostálgico viaje... Hasta que llegué a los años 2008 y 2009. En adelante, el camino a lo largo de mis primaveras fue tornándose muy extraño, agridulce, falso, doloroso.

Algo muy curioso del susodicho álbum será que, entre los años 2008 y 2017, es decir, entre mis 14 y 23 de edad, una gran parte de las fotografías serán de momentos familiares. Ahí está la primera contradicción porque, de hecho, soy de las personas menos apegadas a la familia que puedan existir. Amo a mis padres y a mis hermanos, pero busco pasar lejos de ellos el mayor tiempo posible siempre, y el quíntuple de distante soy de mis parientes fuera de la familia nuclear.

La segunda contradicción está en lo que proyectan esas fotos: abrazos con mis padres y otros parientes, unión, protección. Si alguien viera ese tramo del álbum, pensaría que mi adolescencia y primeros años de adultez estuvieron llenos de unión familiar, que crecí acobijado por gente que me quería y que me habría cuidado de cualquier cosa mala que me ocurriese. El problema es que, aunque no los culpo en absoluto, eso último no llegó a darse, o al menos no se dio frente al más grande de mis problemas.

La tercera contradicción es demasiado obvia pero no puedo no mencionarla: esa está en todas mis sonrisas. Lo sé. No necesito explicar que casi nadie toma fotografías de cuando está furioso o deprimido o que, como sociedad, tenemos una extraña obsesión por no registrar nuestros momentos en su estado de ánimo real. Pero la cuestión es que, en prácticamente todas las imágenes que vi dentro de ese lapso de nueve años, podía afirmar que estaba viviendo un momento infeliz. 

Fue entonces que mi amor propio, después de algún tiempo, volvió a quedar por los suelos. Casi ninguna foto daba cuenta de auténticos momentos de juventud, de amistades y experiencias nuevas, de viajes, de explorar nuevas aficiones o pasatiempos. Me veía ahí, acompañado durante alguna ocasión familiar, pero sabía bien cómo volvía a ser mi vida después de que esas reuniones o compromisos terminaran.

Maldita sea Rebeca. Maldita sea un millón de veces por todo lo que absorbió de mi vida, por todas las personas a las que alejó, por todas las cadenas con las que me ató. Maldito sea yo por caer en su mierda, por permitir su presencia en mi vida por tanto tiempo, y por guardar silencio de todo lo que ocurría para "protegerla" y proteger "lo nuestro".

El hoyo enorme en la cronología y las imágenes engañosas del álbum serán, al fin y al cabo, un reflejo de lo que queda hoy en mi mente al voltear hacia esos años: una edad media, un larguísimo periodo de oscuridad dentro de mi historia.

Otra cosa que encontré entre los archivos de mi madre fue algunas fotos en las que Rebeca aparecía. Y qué curiosas llegan a ser las defensas o anticuerpos de nuestro subconsciente: había también las fotos de un paseo que, pese a mi muy buena memoria, me costó mucho recordar al primer vistazo. Luego de pensarlo por un rato, me acordé por fin de aquel día y entré en cuenta de que esa excursión representaba, acaso, una de las pocas enteramente bonitas que me tocó vivir a su lado, en esas épocas en que había que mendigar absurdamente por momentos de paz junto a la persona a la que amaba.

Lo curioso es que volver a ver su rostro después de tanto tiempo fue odioso, aunque tal vez no tanto como hubiera esperado. Transcurrieron ya cinco años desde que eliminé todas las fotografías juntos -las de mi archivo personal, al menos- después de terminar con ella, por rabia, por resentimiento, por cerrar ciclos o por lo que fuera. Pero hoy, al toparme con estas que quedaban, he decidido, no sé si con madurez o con resignación, dejar algunas dentro de este álbum que sigue en proceso.

A estas alturas, siento estúpida la idea de no dejar ninguna, de censurar su cara, de borrarla como si no hubiera existido. Solo volvería aún más incoherente, al menos para mí, que conozco mi historia, la desproporcionada cantidad de fotos familiares y, sobre todo, la enorme ausencia de postales más acordes a los años mozos y radiantes que, en teoría, estaba viviendo.

El que esos nueve años de vacío sigan doliendo, o que lleguen a doler cada vez menos, no tiene nada que ver con qué tan tangibles son los recuerdos que queden de ellos, sino con la aceptación de lo ocurrido y de cómo, para bien y para mal, me hicieron quien soy ahora. 


Hayley Williams - First Thing To Go


>


First thing to go, was the sound of his voice, ah
Lo primero en irse fue el sonido de su voz.
It echoes still I'm sure, but I can't hear it
Todavía hace eco, estoy segura, pero no puedo oírla.
Was it gentle or cold, or maybe just noise, ah
¿Fue suave o fría? ¿o tal vez solo un ruido?
I heard what I wanted, until I couldn't
Escuché lo que quería hasta que ya no pude.

And I, scared to lose
Y yo, temerosa de perder,
I was left of you
me aparté de ti.

Time moves slow, I just talk to myself
El tiempo pasa lento, solo me hablo a mí misma.
I finish my own sentences, the way you used to
Termino mis propias oraciones como tú hacías.
Why do memories glow? The way real moments don't, ah
¿Por qué brillan los recuerdos, como no hacen los momentos reales?
My altar is full of all love's delusions
Mi altar está lleno de todos los delirios del amor.

And I, mmm
Y yo...
And I, mmm
Y yo...
And I, scared to lose
Y yo, temerosa de perder.
And I was left of you
me aparté de ti
And I should forget
y debería olvidar.
And I, love was left
Y yo... El amor se fue.

The first thing to go was the sound of his voice
Lo primero en irse fue el sonido de su voz.


sábado, 16 de octubre de 2021

Caminar solo y con audífonos


¿Quién soy cuando camino solo por la calle, escuchando música? Esa duda estuvo rondando hoy por mi mente, tras juntarme con unos amigos en un restobar para ver un partido importante de nuestro equipo de fútbol, Alianza Lima, que logró clasificar a la final del torneo peruano. Hubo júbilo. Salí un poco de mi mesura habitual y salté, grité, canté barras, me abracé con esos amigos, comí, tomé, socialicé... ¿Viví? 

¿Estuve viviendo? Esa pregunta me vino también en dos ocasiones. Primero se dio cuando aún me encontraba en ese lugar, luego de que la relativa adrenalina había pasado, así como la emoción de tenernos ahí los unos a los otros otra vez, después de un par de meses, hasta que la conversación se tornó más normal y tranquila. En ese momento, mientras los demás charlaban y yo, como casi siempre, escuchaba mucho e intervenía poco, me quedé observando también a otros grupos de amigos reunidos en las demás mesas del lugar. Había comenzado a "densear" otra vez, y a dudar nuevamente de qué tanto estaba viviendo el momento "como se debe".

Apreciaba las miradas y las sonrisas de quienes tenían bajada la mascarilla. Especulaba sobre lo que pudieran estar conversando, sobre sus vidas, sobre la historia de cada uno, sobre si alguien ahí también se encontraba sentado en su respectiva silla, pero con la mente en algún otro punto del restobar, o en otro lugar, o en algún otro momento en el tiempo, dentro de la cronología de su propia historia.

Terminó la reunión y una amiga me "jaló" en su taxi para dejarme relativamente cerca de mi casa, a un par de kilómetros, como para tomar yo otro taxi que me cobre poco. Le agradecí y ella siguió su trayecto, pero opté por caminar. No sé qué tanto se debió a que lo quería y qué tanto a que lo necesitaba, pero eso hice.

Puse mi playlist de canciones favoritas y empecé mi trayecto a pie por una avenida que he recorrido mucho desde que comenzó la pandemia como parte de mis salidas en bicicleta, cuando dicha actividad era la única "segura" para poder despejarme y respirar algo de aire fresco sin el riesgo de contraer la enfermedad. Pasé hoy por esas mismas calles con los audífonos puestos, sin felicidad ni tristeza; solo apreciando el contraste entre el panorama semi o postapocalíptico que representaban para mí meses atrás, mientras que ahora, aunque visualmente no lucían tan distintas, sí transmitían una sensación mucho más cercana a lo que llamamos "normalidad", a cómo eran las cosas antes de que el coronavirus llegara a nuestras vidas.

Se respiraba definitivamente un contexto distinto, sin la incertidumbre ni la desesperanza de hace unos meses o de hace un año y medio. Pero algo sí se mantenía inmutable: mi necesidad de soledad, la acción de canalizar mis energías con la música, el ejercicio de encerrarme en mí mismo para dejarme llevar por los sentimientos de las melodías, de las voces y de las letras, y desconectarme por completo de cualquier interacción previa, como si en ese momento se me hubiera drenado parte de mi energía.

¿Cuántos tiempo llevo haciendo esto y necesitándolo? Tenía 13 cuando, hospitalizado tras una apendicitis, le pedí a mi papá que llevara mi reproductor mp3 al hospital como si fuera lo más indispensable del mundo. Hoy, a poco más de un mes de cumplir 28 de edad, los audífonos y la soledad siguen siendo una necesidad imperante, un intermedio infaltable para reconectarme con alguna parte de mí que sigo sin lograr definir del todo. Y ya llevo 15 años así.

Por eso surgió esa duda: ¿quién soy cuando camino por la calle solo y escuchando música, al margen del mood en el que me encuentre? ¿Soy más libre? ¿más real? ¿más sincero conmigo mismo? ¿Qué hay exactamente dentro de esa zona de confort tan específica y que guardo tan celosamente? 

Para buscar un acercamiento más aterrizado a la respuesta, traté de encontrar algún adjetivo sobre cómo me encontré hoy a lo largo de esa caminata, pero todo quedó disperso. Estuve feliz y tranquilo por momentos, pero también triste, melancólico, reflexivo, resignado, expectante, analítico, todo eso dentro de pequeños lapsos que no sumaron una respuesta concreta. Solo puedo decir que es adictivo y que, siendo consciente de que la mayor parte de los sentimientos no son positivos, me rehúso por completo a dejar esta sagrada costumbre, este lugar tan cómodo que, aunque tal vez no sea lo más gratificante, es lo que conozco casi como un hogar.

Fue tras el final de esa caminata, al llegar a mi cuarto y sentarme en la computadora, que volví a preguntarme: ¿estoy viviendo? ¿son estos pequeños trances mi manera más auténtica de vivir, o representan, más bien, un escape de ello? Tal vez lo descubra pronto. O tal vez me llegue la muerte, algún día, sin que lo haya entendido jamás.

Bob Dylan - One Too Many Mornings


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Down the street the dogs are barkin’
En la calle, los perros están ladrando
And the day is a-gettin’ dark
y el día está oscureciéndose.
As the night comes in a-fallin’
A medida que la noche caiga,
The dogs’ll lose their bark
los perros perderán sus ladridos.
An’ the silent night will shatter
Y el silencio de la noche se quebrará
From the sounds inside my mind
por los sonidos del interior de mi mente,
For I’m one too many mornings and a thousand miles behind
porque tengo demasiadas mañanas y más de mil millas detrás.

From the crossroads of my doorstep
Desde el cruce de caminos de mi puerta
My eyes they start to fade
mis ojos comienzan a apagarse,
As I turn my head back to the room
mientras vuelvo mi cabeza hacia la habitación
Where my love and I have laid
donde mi amada y yo nos recostábamos.
An’ I gaze back to the street
Luego vuelvo a mirar hacia la calle,
The sidewalk and the sign
hacia la acera y el cartel,
And I’m one too many mornings an’ a thousand miles behind
y estoy en una de esas tantas mañanas con miles de millas detrás.

It’s a restless hungry feeling
Es una sensación frustrante
That don’t mean no one no good
que no es buena para nadie.
When ev’rything I’m a-sayin’
Cuando todo lo que estoy diciendo
You can say it just as good.
lo puedes decir tan bien como yo,
You’re right from your side
tienes un punto de acertado,
I’m right from mine
y yo también.
We’re both just one too many mornings an’ a thousand miles behind
Simplemente estamos en una de esas tantas mañanas con miles de millas detrás.




miércoles, 23 de junio de 2021

Pamela (Parte 2)

"Pamela"... Fue la primera palabra que pronuncié al despertar el viernes por la mañana, con una resaca bastante distinta en la que no sentía solo los efectos tardíos del alcohol. 

A la pequeña jaqueca y a la deshidratación se sumaban nuevas sensaciones como el ardor de mis labios tras sus mordidas, la suavidad de su cabello lacio aún palpable entre mis manos, y los rezagos de aquel vértigo causado por la música electrónica y las luces de neón bajo las que habíamos bailado. "Pamela", volví a decir para mis adentros, como confirmando que ese deseo contenido se había tangibilizado, había pasado a tener un nombre propio, unos misteriosos ojos, y unos intrigantes tatuajes que quería rozar con mis dedos durante toda una noche.

Eran casi las 11, pero en esas épocas de desempleo no importaba levantarme tan tarde un día de semana. Cogí expectante mi celular y ya había notificaciones de sus mensajes. 

"Lo que es mío"

Mentiría si les digo que recuerdo con exactitud la breve conversación que tuvimos apenas desperté, debido a las condiciones en las que me encontraba. En resumen, me habló sobre lo bien que lo había pasado anoche y que le parecía un chico bastante interesante. Yo le dije lo mismo sin mentir, aunque omitiendo que cada detalle de ella que me había intrigado se centraba, básicamente, en mis ganas de llevármela a la cama.

Sin embargo, sí llego a recordar con claridad dos de las cosas que me dijo antes de despedirse. Lo primero fue que se alistaba para salir a la chamba, ya que trabajaba como vendedora en una de las tiendas de ropa de la famosa cadena Zara. Comentó que le gustaba mucho la moda, y aunque yo sea un total inexperto en la materia, desde mi punto de vista puedo decir que se vestía bastante bonito.

Lo segundo fue una situación y una frase que le quedaron dando bastantes vueltas a aquel susceptible Damián del 2017, de pocos meses después de culminar nueve años de una muy tóxica relación sentimental. Tras bromear y coquetear por un rato en el chat, hubo un breve lapso en que tardé en contestar por atender otro mensaje sin mucha importancia. Luego, para cuando retomé con Pamela, vi que me había preguntado si estaba hablando con alguien más, junto al emoji de los ojitos suspicaces mirando hacia arriba.

Eso me tomó por sorpresa. Sé que el alcohol ayuda a exteriorizar los sentimientos más oscuros y los complejos más secretos de una persona, por lo que creí que los arranques de celos de Pamela en la discoteca habían brotado gracias a la cerveza. No obstante, en ese primer mensajeo y cuando ya se encontraba bien despierta, cambiada y lista para salir a trabajar, lanzó esa respuesta tan exagerada para los treinta segundos de más que me había demorado en escribirle.

—Oye, solo le respondía un mensaje a un amigo. Estoy hablando solo contigo— argumenté, junto a un emoji de carita guiñando un ojo.

—Si tienes que hablar con alguien más, por mí no hay problema, ah...

—Pamela, después de lo de anoche, ¿crees que alguien más que tú tendría mi atención ahora mismo?— Aunque respondía con algo de flojera y frustración, no mentía. Era cierto que solo ella estaba en mi mente.

—Está bien, disculpa. Solo me gusta cuidar lo que es mío.

Cuando pienso en las primeras sensaciones que surgieron en mi yo de entonces, me siento un poco tonto. Muchos chicos se habrían encendido con esa última oración, se habrían imaginado a la fémina en una actitud ardientemente posesiva, en el único contexto en que esa cualidad podría resultar atractiva. Total, ¿no quería solo algo casual? ¿Qué importaba si ella era así de controladora con sus parejas, si yo no pasaría a ser uno de ellos? Se suponía que lo razone así, pero mis traumas salieron a relucir antes que nada y su frasecita la recibí más como una bandera roja que como parte del ligue.

No fui tan torpe como para responder de manera cortante, pero medio en broma, medio en serio, le dije que yo no le pertenecía a nadie, así como ella tampoco, que ninguna persona era propiedad de otra, pero que por mi propia voluntad moría de ganas de volverla a ver esa misma noche, en el mismo lugar, ya sin hermanos, primas o amigos que nos interrumpieran.

Pensó que jugaba y siguió coqueteando. Contestó que veía un poco difícil acudir a la cita porque se encontraban en una campaña fuerte de ventas y probablemente trabajaría hasta muy tarde por la noche, pero haría todo lo posible por ir. Como en la zona rock de la discoteca habría un tributo a The Strokes que me interesaba, le indiqué que yo iría de todas maneras para tomarme un par de tragos y ver solo a la banda, en el peor de los casos, aunque esperaría el escenario ideal en que ella me dé el alcance para pasarnos a la zona de música electrónica y conversar, embriagarnos, bailar, y lo que tuviera que venir después... Bueno, eso último no se lo dije, pero sí que lo pensé.

Notarán, pues, lo empoderado que me sentía para ese momento, en contraste con toda la inseguridad de la que hablé en la primera parte de esta historia. Le resultaba atractivo e interesante a una chica muy atractiva e interesante, y eso no era algo que se me diera así no más en la vida.

Is This It?

Hice ejercicios, me bañé, me perfumé y partí hacia la discoteca. No sé si fue por mis ansias de que las cosas sucedieran, pero llegué bastante temprano. La banda tributo recién estaba instalándose en el escenario y decidí ir por mi primera cerveza de la noche. Cuando empezó a sonar el riff de "You Only Live Once", escribí un mensaje para Pamela.

Le envié una foto de mi cerveza y de la banda tocando de fondo. No sabía qué música le gustaba o si la imagen rockera le diría algo, pero era mi manera de comunicarle que ya estaba en el lugar esperándola. Me respondió: "Creo que sí la hago, pero llegaré como a las 11. Estamos con bastante trabajo". Eran las 9:30 p. m., por lo que, al parecer, alcanzaría a ver toda la tocada hasta que mi cita entrara por la puerta de la discoteca... Si es que llegaba.

Sí, eso fue raro. Para lo pesimista que suelo ser, salí de mi casa con bastante ímpetu e imaginándome por completo cómo sería toda la velada cuando, en realidad, Pamela nunca llegó a confirmarme al 100% si podría ir. Entonces, fue recién en ese momento, ya con un par de vasos de chela encima, que entré en cuenta de que esa noche podía terminar el concierto y adiós: a casa y a dormir.

Los minutos transcurrían lento y yo iba disfrutando menos las canciones. Sonaron hitazos como "Last Nite", "Under Cover of Darkness", y hasta mi favorita, "Someday", pero me iba concentrando cada vez menos en la música y cada vez más en lo estúpido que me iba a sentir si Pamela no iba. Traté de guardar la compostura y no escribir demasiado, le preguntaba cada cierto tiempo cómo iba o si podría llegar, le aseguraba que la noche estaba genial y que solo faltaba que ella se aparezca para tener el viernes que tanto había esperado. Me respondió, pasado un rato, que le quedaba poca batería y se le apagaría el celular. Y se le apagó. Mis siguientes mensajes aparecían con un solo check en WhatsApp.

Para ese momento, la ansiedad se convirtió en resignación. No vendría. Me floreó, me plantó, me apagó el celular, no quiso venir, no le intereso, no valgo la pena... Me había creído interesante, aunque fuera solo para una entre muchas extrañas e indiferentes, pero solo soy un pobre diablo. Así de inestable era por entonces y la ley de la gravedad actuó inclemente: después de todo lo que me alcé, se vino un tremendo bajón emocional. 

La tocada de la banda tuvo un cierre bastante raro y anticlimático. Pudieron haber elegido cerrar con "Last Nite" o con "Reptilia", por lo icónicas que son ambas canciones y por toda la energía que cargan, pero decidieron irse con la querida pero lenta "Is This It". Hijos de puta. Parecía como si lo hiciesen a propósito.

Can't you see I'm trying?

I don't even like it

I just lied to

Get to your apartment

Now I'm staying

There just for a while

I can't think 'cause

I'm just way too tired...

Is this it?

Is this it?

Is this it?

El alcohol subía y mi estado de ánimo continuaba en franco descenso. Culminó la tocada y la gente rockera que fue al tributo se quedó tomando, cada quien con su respectivo grupo de amigos. Saqué el celular para verme menos descolocado, pero seguía sintiéndome como el más perdedor de todos los allí presentes.

Me trasladé a la zona reggaetón para ver cómo estaba el panorama. Había más grupos de amigos y chicas lindas que bailaban alegremente, que parecían disfrutar de la vida y de la juventud que a mí me absorbieron por tanto tiempo. Mi sesgo era absoluto. Estaba absorto en lo infeliz que me sentía, no porque me plantaran, sino por mi última década entera de vida. Y mientras sentía lástima por mí mismo, me era imposible ver que tal vez muchas de esas sonrisas no eran tan reales, y que detrás de ellas podía haber más de una historia igual o peor que la mía. La razón tenía que hacerme pisar tierra de nuevo, pero el alcohol le estaba ganando la batalla.

Después de un rato, sí llegué a ver algo más en todas esas mujeres que disfrutaban de la música: que ninguna de ellas bailaría con un tarado que se para solo en un rincón de la pista de baile, a observar la alegría del resto como algo tan ajeno. Así, descarté en solo un par de segundos la idea de tratar de replicar, con alguien nuevo, lo ocurrido en la noche anterior con Pamela. No, campeón, not gonna happen. Solo tuviste suerte esa vez y ya se te terminó.

Sin embargo, por alguna razón me rehusaba a volver a casa. Tal vez, si salía a tomar un poco de aire y hacía tiempo hasta sentirme un poco menos mareado, podría regresar con energías renovadas y cuando hubiera chicas nuevas, y atreverme a intentar hablarle a alguna. 

Sé que todo esto este rollo había comenzado con mis ganas de tener sexo casual, pero a estas alturas, más que llenar ese antojo carnal, mi meta era demostrarme que podía gustarle a alguien por una cuestión de autoestima. De verdad necesitaba que una persona nueva, alguien que no fuera Rebeca, me lo confirmara.

Compré un par de cigarrillos y caminé hasta los alrededores de un famoso hotel ubicado en el Centro de Lima. No era muy seguro caminar solo por ahí a esa hora, pero andaba en mi faceta más irracional y me movía con la desidia que suele acompañar a quien no se valora a sí mismo. Saqué mi celular, mis audífonos, y comencé a escuchar mi playlist de canciones depresivas mientras exhalaba lentamente el humo.

Contemplaba a lo lejos a parejas que pasaban, a muchachos bebiendo ron en alguna banca, a universitarios discutiendo sobre política. Empecé a sentirme cómodo en ese papel, el de un fantasma merodeando entre la vida nocturna de la capital, intangible, desapercibido, un mero espectador de una normalidad a la que no pertenecía. Sin embargo, cuando me dije que fumaría un último cigarrillo antes de retirarme, sentí la vibración en mi bolsillo.

—Damián, estoy en la zona electrónica. ¿Por dónde andas?


The Strokes - Is This It


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Can't you see I'm trying?
¿No ves que lo intento?
I don't even like it, I just lied to
Ni siquiera me gusta, solo mentí.
Get to your apartment, now I'm staying
Llegué a tu departamento, ahora me estoy quedando
Here just for a while
aquí solo por un tiempo.
I can't think 'cause I'm just way too tired
No puedo pensar porque estoy demasiado cansado.

Is this it?
¿Eso es todo?
Is this it?
¿Eso es todo?
Is this... it?
¿Eso es... Todo?

Said they'd give you anything you ever wanted
Dije que ellos te dan todo lo que siempre quisiste;
When they lied, I knew it was just stable children
cuando mintieron, supe que eran solo unos niños
Trying hard not to realize I was sitting right behind them
intentando no darse cuenta de que yo estaba sentado justo detrás de ellos.
Oh dear, can't you see? It's them it's not me
Oh, querida, ¿no lo ves? Son ellos, no soy yo.
We're not enemies; We just disagree
No somos enemigos, solo discutimos
If I was like them all pissed in this bar
si yo soy como ellos, un amargado en este bar.
He changes his mind, says I went too far
Él cambia de opinión, dice que fui muy lejos.
We all disagree
Estamos en desacuerdo.
I think we should disagree, yeah
Creo que deberíamos estar en desacuerdo, sí.

Is this it
¿Eso es todo?
Is this it
¿Eso es todo?
Is this it
¿Eso es todo?

Can't you see I'm trying?
¿No ves que lo intento?
I don't even like it, I just lied to
Ni siquiera  me gusta, solo mentí.
Get to your apartment, now I'm staying
Llegué a tu departamento, ahora me estoy quedando
Here just for a while
aquí solo por un tiempo.
I can't think 'cause I'm just way too tired
No puedo pensar porque estoy demasiado cansado.

miércoles, 16 de junio de 2021

Elige tu veneno

Cualquier paciente con depresión severa podría burlarse de mí, o enojarse, o indignarse por los lamentos que vengo a soltar a este blog cuando mi vida no es realmente desastrosa, o cuando mi problema mental es tan relativamente bajo que solo necesito, al menos por ahora, una sertralina al día para la depresión y media pastilla de clonazepam a condición, solo para ataques o cuadros muy fuertes de ansiedad que nunca suelo tener.

Pero tal vez ese sea justo el problema: esa pequeña dosis, esa ambigüedad, ese "casi no necesitas esta medicina", porque me hace dudar mucho sobre cuál es mi verdadera noción de la vida. ¿Es fea o linda? ¿Cuál es mi verdadero grado de optimismo? ¿Qué tan positiva o negativa es mi naturaleza?

Esas dudas me embargaron hoy tras una madrugada en la que me costó un poco dormir, una mañana en la que me quedé dormido de largo, y una tarde-noche en la que tuve muy poco apetito; es decir, tras las primeras manifestaciones de mi cuerpo readaptándose a la sertralina. Es en esos primeros días de medicación que suelen venirme estos cuestionamientos.

Puedo ver la medicina de dos maneras: como un instrumento que me ayuda a limpiar el cristal empañado con el que la depresión, químicamente, me hace apreciar las cosas; o lo que más me asusta: como una droga que me ayuda a dar más color a un mundo que verdaderamente es gris.

Odio ser engañado, pero sobre todo, odio los cachetazos de realidad que representan los desengaños. En mi vida he sufrido más de uno que se sintió como un puñal, de parte de personas y de parte de hechos o situaciones traídas por el azar. Tras esas vivencias diría que solo el amor, solo la mujer a la que hoy amo, logró que bajara la guardia y logre ilusionarme, soñar, entregarme a la incertidumbre de una vida juntos bajo la fe de que todo saldrá bien, dentro de una humanidad en la que esas historias son vistas con cada vez mayor escepticismo.

Esa es una enorme excepción, vaya que sí. Cuántas personas quisieran, no digamos encontrar a alguien real que les haga sentir así, sino simplemente tener la capacidad de ilusionarse de esa forma. Soy consciente de ello y lo agradezco todos los días. Sin Sabrina estaría completamente perdido, pero... Todos los demás ámbitos de la vida, los que no dependen de ella, son los que nunca puedo mirar con esperanza desde hace muchos años, cuando no estoy medicado. Ahí está el dilema.

Hoy recordé también a Diane Nguyen, mi personaje favorito de la brillante serie animada de Netflix, Bojack Horseman. No quiero desviarme contando la trama ni soltando un gran spoiler, así que solo comentaré lo que resulta relevante para este texto.

Hay un momento en que ella, una escritora que nunca llegó a trabajar en LA obra de su vida, entra en una encrucijada cuando le recetan medicinas para sus fuertes e insoportables cuadros de depresión y ansiedad. El libro que planeaba escribir iba sobre su tormentosa infancia, sobre sus desventuras y todas las cosas y personas que le hicieron daño a lo largo de su vida. Diane quería que ese fuera su legado para todas las mujeres que pudieran encontrar no solo una historia con la cual identificarse, sino también un espejo en el cual mirarse para evitar más malas decisiones.

Ese momento de la serie me estremeció. Fue muy duro para mí verla resistiéndose al bienestar, rechazando el medicamento, temerosa de lo que representaba dejar atrás esos fantasmas que, para ella, representaban su propia identidad y lo que casi siempre conoció. ¿Cómo lograría esa introspección hacia lo más profundo de sí misma para escribir su historia, si unas pastillas la iban a apartar de esas penas que, para bien o para mal, la habían forjado como persona?

En otra referencia a la cultura popular, está la icónica escena de la película Matrix, cuando Morfeo ofrece a Neo las dos píldoras entre las que deberá elegir: la azul que le permitirá olvidar que vive en una simulación virtual, o la roja, que le abrirá los ojos a la realidad posapocalíptica de la que forma parte. Si me preguntan, yo elegiría la roja sin dudarlo, siempre.

Si me permiten una última referencia, esta vez literaria, alguna vez leí una reflexión sobre Un Mundo Feliz y la invención de los antidepresivos en los años 50, un par de décadas después de que se publique el célebre libro de Aldous Huxley. En su momento, muchos compararon a los antidepresivos con el soma, la medicina ficticia con la que el régimen mantenía controlada a la población en la novela, ya que esta hacía que el consumidor se sintiera feliz y realizado, sin importar cualquier miseria personal o de los individuos alrededor.

Sé que un psicólogo o un psiquiatra que me lea podría sentirse mortificado por la ligereza con la que hago estas reflexiones, sin ningún estudio o respaldo científico sobre cómo funcionan realmente los medicamentos, y omitiendo que además de la medicina está el tratamiento psicológico para aprender a encarar la vida sin dichas sustancias, al menos en pacientes que no tengan alguna patología grave.

Soy un gran ignorante del tema, pero aún así, me parece que mi cuestionamiento resulta legítimo y que estas reflexiones filosóficas (digamos que lo son) no pueden ser satisfactoriamente respondidas por ningún profesional de la salud, o por ningún ser humano sincero y aterrizado.

¿Qué va a pasar conmigo cuando las pastillas sigan haciendo efecto y, en un par de semanas, mi estado de ánimo mejore? ¿Seguiré siendo yo? ¿Perderé algo de mi esencia? ¿Bajaré la guardia ante los embates del futuro?

Alguien podría decirme que no sea tan idiota, que lo más importante en la vida es la felicidad, el bienestar, y no la búsqueda de respuestas a preguntas tan complicadas e inútiles. Pero no puedo evitarlo. La consistencia del personaje que represento en el mundo, su coherencia, el claro entendimiento de sus motivos, de las cosas que lo convirtieron en lo que es, me importan demasiado cuando una puta pastilla no me ayuda a apaciguar mi intranquila mente.

No tengo una prosa muy brillante que digamos, y tampoco es que escriba mucho, pero mis escritos favoritos son los que, generalmente, me salen cuando estoy sumergido en lo más negativo y denso de mis sentimientos. Por otro lado, mi conexión con la música triste, la que más amo, nunca se da igual que como cuando estoy deprimido. Mis canciones favoritas nunca son tan buena compañía, ni tan buenas amigas como en esos bajos momentos. No puede decirse, entonces, que no esté perdiendo nada importante al iniciar nuevamente este tratamiento.

Repito: sé que alguien podría decirme que no sea tan idiota, que renunciar a esos pequeños momentos de intimidad y vulnerabilidad es un precio totalmente razonable a cambio de la paz mental. Pero entiéndanme: tengo miedo. La tristeza lleva muchos años siendo una zona de confort, un lugar familiar, un hogar que me acoge y al que siempre puedo volver en medio de cualquier incertidumbre. Tengo con ella un cordón umbilical bastante difícil de cortar.

Para concluir, quisiera enfatizar que escribo estas últimas líneas bajo ese temor, como si las redactara una versión de mí (¿la verdadera?) antes de entrar en un coma inducido médicamente. Porque no quiero olvidar. No quiero una identidad indefinida, pero tampoco quiero que estos lamentos la constituyan solos. No quiero enterrar lo que llevo siendo tanto tiempo, lo que conozco, pero tampoco quiero ser infeliz.

No sé qué seguirá desde aquí, no sé qué desear que ocurra exactamente, más allá de la obviedad de sentirme más tranquilo.


Radiohead - Nude


Don’t get any big ideas
No tengas grandes ideas,
They’re not gonna happen
éstas no van a ocurrir.
You paint yourself white
Te pintas a ti mismo de blanco
And fill up with noise
y te llenas de ruido,
But there’ll be something missing
pero siempre habrá algo que haga falta.

Now that you’ve found it it’s gone
Ahora que lo encontraste, se ha ido;
Now that you feel it, you don’t
ahora que lo sentiste, no lo sientes.
You’ve gone off the rails
Te has salido de las vías.

So don’t get any big ideas
Así que no tengas grandes ideas,
They’re not gonna happen
éstas no van a ocurrir.
You’ll go to hell
Te irás al infierno
For what your dirty mind is thinking
por aquello que tu sucia mente está pensando.