lunes, 8 de enero de 2018

Enamorarse 2.0

¿Qué es enamorarse? Ésta bien podría ser una de las grandes preguntas de la humanidad. Aunque puede contestarse desde la sociología, la psicología, la genética, la química; y en medio de esas y muchas otras disciplinas, la infaltable sabiduría popular, creo que la respuesta está demasiado lejos de ser absoluta y universal. Basta con ver la increíble variedad de opiniones que uno encuentra al respecto sin mirar muy lejos. Por darse una idea, a veces solo basta con hurgar entre quienes tenemos al lado.

La experiencia de algunos cercanos

Hace un tiempo le contaba a Danilo, mi hermano: «Creo que me estoy enamorando», señalándole superficialmente algunos de los motivos que me llevaban a afirmarlo. Su respuesta fue tan hilarante como como cuestionable: «Ni cagando, huevón. ¿Mes y medio después de que conoces a esta chica, y dices que te estás enamorando de ella? ¿Tú, que sabes lo que es estar emparejado un montón de años? Nada, estás confundido. Lo que pasa es que hace mucho que no te interesas por alguien. No te estás enamorando, te estás "enchuchando"».

Era una noche tranquila, en medio de latas de cerveza que ya cumplían su función en nuestro sistema sanguíneo. "¿Enchuchando?", repetí, muriendo de risa. Y cuando estaba a punto de burlarme de esa jerga oída por primera vez, pero cuyo significado me sonaba a "encaprichando", Fernando, mi mejor amigo varón, se sumó a la opinión de Danilo: «Sí, 'mano, es eso. No seas pendejo, pues. Lo que pasa es que la flaca tiene algunas cosas que te interesan, y como hace tiempo que no sentías algo así, te estás emocionando de más». Ok, mi hermano por sí solo podía estar equivocado, y quizá también mi amigo, pero dos opiniones juntas siempre pesan más. Aunque me sentí disconforme con lo dicho por ellos, cedí: «Bueno, sí, pueden tener razón. Voy a tratar de no definir mis sentimientos tan apresuradamente».

Al fin y al cabo ambos tenían más experiencia que yo en involucrarse con nuevas personas. Más allá de que tengan novia actualmente, Danilo, un músico rebelde y despreocupado; y Fernando, un exitoso barman, conocen de sobra la vida bohemia y la relativa fugacidad con la que las chicas van y vienen en la vida de un hombre joven común. Los dos se han enamorado más de una vez, mientras que también tuvieron periodos en los que simplemente se dejaron llevar por un simple gusto (como suele decirse) y se juntaron con alguna mujer sin demasiado compromiso.

En ese sentido, creo que me encuentro lejos de ser un hombre común. Y es que es verdad: una relación de más de nueve años puede dejar importantes lecciones sobre el amor, el compromiso, la fidelidad y todos los elementos que están sobre la mesa cuando uno ya está con alguien. Pero la exposición constante a cierto tipo de aprendizaje puede privarnos de conocer otros, sobre todo cuando se es tan joven. Esto, obviamente, resulta mucho más arraigado en alguien que inició su relación de casi una década a los 14, que en un tipo que la haya comenzado siendo adulto. Así pues, las consecuencias son obvias: a mis 24 no me he enamorado, ni he tenido algún interés sentimental por alguna mujer, la cantidad de veces que a estas alturas casi cualquiera acumularía.

¿Entonces es cierto? ¿No tengo autoridad para hablar de mis propios sentimientos y de definirlos, porque no cuento con la misma experiencia que otros? Pese a aquel breve momento de duda, bajo los efectos del alcohol y ante la opinión de mis queridos y recorridos acompañantes, la respuesta es un rotundo no.

Otro tipo de experiencia

Las pocas personas que me conocen bien saben de mi modo jodidamente intenso y existencialista de ver las cosas. Muchas veces mi vida parece una eterna y agotadora búsqueda de motivos y explicaciones profundas a todo y a todos los que me rodean. Eso se suma a mi carácter profundamente aislado e introspectivo, que es causa y consecuencia de una pesada mochila de experiencias intensas que me ha tocado vivir pese a mi juventud; unas felices, y muchas otras muy de mierda.

Pero ya. No quiero desviarme, ni hacer un melodrama por hechos que ya pasaron y no vienen al caso. A lo que voy es que considero que todos esos factores me dieron un conocimiento muy marcado acerca de mí mismo, de mi personalidad, gustos, intereses, valores, sueños, ideales, y sobre todo, acerca de mis sentimientos.

Soy un pesimista empedernido, un escéptico constante, pongo todo en tela de juicio y siempre tengo un maniático cuidado al lanzar conclusiones si no hay una cantidad suficiente de argumentos. Sin embargo, si hay algo de lo que siempre puedo sentirme seguro a estas alturas de mi vida, es de todo lo relacionado a lo que siento y a lo que quiero. Puedo ser un tipo cualquiera, ser uno más en cualquier ámbito, pero creo que los golpes y las vivencias me dejaron, al menos, una madura y centrada auto-percepción.

Esa última podría ser la palabra clave para todo esto, porque ¿acaso no hay nadie mejor que uno mismo para definir y, si así lo quiere, etiquetar aquello que siente? Ninguna otra persona podrá decirnos mejor lo que nuestro corazón anhela, más allá de su sabiduría, experiencia o buenas intenciones. El quid del asunto está, entonces, en los estándares que establecemos de forma consciente o inconsciente al afirmar si estamos enamorados.

No obstante, entiendo la confusión que puede haber, ya que esos "requisitos" no son inmutables, sino que pueden cambiar por el tiempo, por las vivencias, por los traumas, por nuevos intereses, o por la inexorable madurez que llega tarde o temprano. Diez años después puedo seguir asegurándolo: yo sí me enamoré a los 14 años, perdidamente, aunque por motivos que hoy me resultarían poco suficientes o razonables. Infantiles, pese a que en ese momento puedan haber sido profundos para la edad y para cómo lo vivían mis contemporáneos.

Entonces, ¿cómo puede el Damián de 24 años afirmar que volvió a enamorarse? Sí, ese Damián más maduro, más existencialista, cuidadoso, ansioso, problemático... Bueno, tal vez este texto falle en su intento de llegar a una conclusión, pero al menos procurará poner todas las cartas sobre la mesa para aclarar este asunto de una buena vez.

Puede que las siguientes líneas no hagan más que confirmar lo obvio, que mis dedos suelten con el teclado lo que suele quedar amarrado en mi lengua, que cambiemos el condicional "podría ser" por el afirmativo "es". O tal vez nada de eso pase.


Enamorarse podría ser...


Un primer contacto memorable. Nada extraordinario, nada mágico, ningún "amor a primera vista" (cosa en la que nunca he creído), nada "de película". Un primer cruce de palabras sobrio, sin sobresaltos, pero con una fluidez absolutamente genial. Que no solo se percibiera al instante la afinidad de gustos (lo que es difícil, pero no imposible de encontrar), sino que también la hubiera en cuanto a la percepción y, de cierto modo, a la forma de vivirlos. Que quizá, por única vez en lo que llevo de vida, pueda afirmar que "hubo química" al conocer a alguien. Preguntarse si es así cuando, a esta edad, capturan tu atención desde un inicio.

Aquellas primeras conversaciones. Las incontenibles ganas de hablar con ella en los días y semanas siguientes. La procrastinación, la irresponsable cantidad de horas dedicadas a escribirle, a plantear temas que dieran a conocer sus reacciones y opiniones. Los deseos de ir descubriendo a alguien sentidos como nunca antes. La sorpresa de ver cómo te gusta casi todo lo que dice, casi todo lo que piensa y opina. "En algún momento conoceré algo que me pinche el globo y baje mi estima por ella", me dije en un inicio, para luego ver cómo el interés solo crecía más.

Admirar sus destrezas. Su modo de hablar y de escribir, su inteligencia, madurez, profesionalismo, perseverancia y talento, sumados al esfuerzo que la llevaron a donde está. Su felicidad por hacer lo que hace ahora, en correcto equilibrio con sus ambiciones y planes para el futuro. La pasión y el cariño hacia su trabajo (¡y qué trabajo genial!). La honesta humildad hacia todo lo que viene logrando, sin dejar de apreciar cuánto vale y cuánto le costó. Verla en acción, en su terreno, encontrarla tan atractiva cuando habla, cuando expone, cuando supera los nervios y otros detalles mínimos del momento para finalmente brillar. Que te encanten sus planes y sus metas, por lo que buscar motivarla a seguir adelante se da de forma casi involuntaria, porque quieres seguir viendo esa chispa en sus hermosos ojos marrones.

Admirar su corazón. Descubrir su nobleza a través de pequeños detalles, de lo que hace en su día a día. Entender cuánto ama a los suyos, lo desprendida y dedicada que es con ellos. Sentir una inexplicable paz al hablar con ella. Saber, primero por intuición y luego leyéndolo de ella, que sus anhelos personales nunca se desligan de su convivencia con los demás. Que no solo quiere ser buena en su trabajo, sino también como ser humano. Que lo que deje en este mundo, su legado, no se enfoque solo en sus metas individuales, sino también en sus seres queridos. Que te inspire, porque ¿puede haber algo más valioso y lindo que eso?

Que el tiempo se vuelva relativo. Mi hermano y mi amigo me cuestionaron por el "poco" tiempo que llevaba de conocerla para esa noche en la que conversamos. Digo yo: más que cuánto pasó desde que conociste a una persona, ¿no es lo más importante el tiempo en concreto que pasaste hablando con ella, y la calidad y profundidad del mismo? En cuestión de semanas y meses, parece que nos hubiéramos conocido más de lo que casi cualquier otro par de personas hubiera logrado en el mismo lapso.

Sentirse pleno al ayudarla. Fue una sola vez, y por alguna razón lo recuerdo con especial cariño. Un día se sintió mal por un problema y tuvo la confianza de contármelo. Afortunadamente se trató de algo sobre lo que pude aconsejarla en base a experiencias mías. Me lo agradeció mucho, con sinceridad, con lindas palabras, haciéndome notar que realmente la había ayudado, que realmente era lo que necesitaba escuchar. Fue nuevo verla en aquel breve estado de vulnerabilidad, sin la autosuficiencia que siempre había mostrado ante mí hasta entonces... Es difícil explicar lo reconfortante que se sintió. Suelo ser confidente y consejero de mis amigos, no fue esa la primera vez que tuve las palabras precisas para ayudar a alguien, pero lograrlo en dicha ocasión me hizo sentir... grande, por decirlo de alguna manera. Que por un momento estuve a la altura de lo que una chica tan especial como ella necesitaba.

Padecer aquellas sensaciones clásicas. Mariposas en el estómago, escalofríos, ansiedad, sueños, nervios... Sí, todo eso que cuentan en las típicas historias románticas que suelen disgustarme. Algo totalmente extraño para mi usual sobriedad.

Poder y querer darse a conocer. Descubrir cómo, de forma progresiva, quieres ir compartiendo con ella tu mundo: tus gustos, aficiones, sueños, temores, complejos, anécdotas, opiniones, creencias... tu historia y tu modo de ver la vida. Ver lo fácil que es bajar la guardia, cuán increíblemente sencillo y cómodo es mostrarse renegón, sensible, nostálgico y reflexivo, como no suele ocurrir frente a casi nadie.

Necesitar saber más. Intrigarse por cuánto sabes realmente sobre ella. ¿Tiene la misma confianza hacia ti? ¿Se abrió contigo en la misma proporción que tú? ¿Hay, acaso, más momentos vulnerables que prefiere no exponer contigo? No dejar de preguntarse si hay aún más cosas por valorar sobre ella, o si tiene algún defecto que la aterrice y la haga ver más normal y humana. Imaginas ambos escenarios, pero llegas a la conclusión de que, en cualquiera de los dos casos, te seguirá gustando demasiado. Ver cómo todo lo que la intuición te dijo desde un inicio sobre ella fue cumpliéndose con el correr del tiempo.

Preguntarse cómo te ve. Tal vez lo más complicado de todo esto. No saber qué siente por ti, como qué te ve. ¿También serás especial para ella? ¿Qué tipo de relación espera tener contigo? Saber que te respeta, que te tiene cierto grado de aprecio, que hay algunos gestos que podrían dar pistas de que el sentimiento es relativamente mutuo... Pero no tener nada en concreto. Sentir la desesperante sensación de ir a ciegas, de no querer imaginar ningún escenario positivo por temor a la decepción. Tu mejor amiga te dice que sí. Tú mismo, en lapsos más razonables, te dices que también. Pero en los momentos más intensos, la emoción te nubla y convierte todo en una inmensa incógnita. El escepticismo que te caracteriza te juega la peor pasada de todas.

Tener miedo. Notar cómo todo estos sentimientos crecieron como una bola de nieve, de forma espontánea, antes de ser advertido por quien sea o por tu propia razón. Te invade un tipo de inseguridad que nunca imaginaste sentir a estas alturas del partido. Sabes lo que vales, te quieres con tus virtudes y defectos, conoces tus fortalezas y debilidades, así como los pocos pero existentes aspectos que podrían ser de interés para alguien, tal vez para ella, y sin embargo... No tienes idea de qué ocurre en realidad. Desconfías de aquellos gestos en los que buscaste transmitir indirectas, dudas tanto que no sabes si fuiste demasiado evidente, o si te pasaste de implícito y en realidad no mostraste nada de tus intenciones.

Te preguntas si es muy pronto para lanzarse a la piscina, o si ya se te está yendo el tren, o si este es el momento preciso para tirar todo por la ventana. Llegaste a una riesgosa zona de confort, en la que hacer algo más que lo hecho hasta ahora podría volverse un camino de no retorno, la diferencia entre el éxito y el fracaso. El miedo a fracasar es terrible. Te das cuenta de que ya te acostumbraste a ella, a tenerla ahí, a esperar sus mensajes, sus saludos, a saber cómo le fue en el día... Aunque no es nada tuyo, te aterra la idea de perderla, mucho más aún si es por algún malentendido, o peor: por algún error tuyo, lo que sería imperdonable.

En resumen, enamorarse es complicarse la vida. Es llenarse de anhelos, deseos, ilusiones, temores y otros sentimientos hacia alguien; sin los cuáles podrías vivir perfectamente, pero que por alguna razón inexplicable, no haces más que perseguirlos. Porque no quieres admitir que, en medio de ese pesimismo, de esa predecible espera por lo peor, hay una esperanza escondida, un grito de felicidad queriendo desatarse, la búsqueda de un beso que confirme todo.
Finalmente, si me vuelvo a poner jodido con lo de no caer en ideas absolutas, diría que cada párrafo escrito anteriormente podría no definir nada. Sin embargo, si todo eso junto no es enamorarse, ¿qué diablos sí lo sería?

Hozier - From Eden


Babe
Nena,
There's something tragic about you
hay algo trágico en ti,
Something so magic about you
algo tan mágico en ti...
Don't you agree?
¿No te parece?

Babe
Nena,
There's something lonesome about you
hay algo solitario en ti,
Something so wholesome about you
algo muy saludable en ti...
Get closer to me
Acércate a mí.

No tired sighs,
No hay suspiros cansados,
no rolling eyes,
ni miradas desdeñosas,
no irony
ni ironías,
No 'who cares',
ningún "a quién le importa",
no vacant stares,
ni miradas vacías,
no time for me
ni tiempo para mí...

Honey, you're familiar
Cariño, me eres familiar
like my mirror years ago
como mi espejo años atrás.
Idealism sits in prison,
El idealismo se sienta en prisión,
chivalry fell on its sword
la caballerosidad cae sobre su espada,
Innocence died screaming,
la inocencia muere gritando.
honey, ask me I should know
Cariño, pregúntame, yo debería saberlo.
I slithered here from Eden
Me deslicé hasta aquí desde el Edén,
just to sit outside your door
solo para sentarme afuera de tu puerta.

Babe, there's something wretched about this
Nena, hay algo desdichado en esto,
Something so precious about this
algo tan precioso en esto...
Oh what a sin
Oh, qué pecado

To the strand a picnic plan
para el hilo de un plan de picnic
for you and me
para ti y para mí.
A rope in hand for your other man
Una cuerda en la mano para que tu otro hombre
to hang from a tree
cuelgue de un árbol.

Honey, you're familiar
Cariño, me eres familiar
like my mirror years ago
como mi espejo años atrás.
Idealism sits in prison,
El idealismo se sienta en prisión,
chivalry fell on its sword
la caballerosidad cae sobre su espada,
Innocence died screaming,
la inocencia muere gritando.
honey, ask me I should know
Cariño, pregúntame, yo debería saberlo.
I slithered here from Eden
Me deslicé hasta aquí desde el Edén,
just to sit outside your door
solo para sentarme afuera de tu puerta.

Honey, you're familiar
Cariño, me eres familiar
like my mirror years ago
como mi espejo años atrás.
Idealism sits in prison,
El idealismo se sienta en prisión,
chivalry fell on its sword
la caballerosidad cae sobre su espada,
Innocence died screaming,
la inocencia muere gritando.
honey, ask me I should know
Cariño, pregúntame, yo debería saberlo.
I slithered here from Eden
Me deslicé hasta aquí desde el Edén,
just to sit outside your door
solo para sentarme afuera de tu puerta.

lunes, 10 de octubre de 2016

Finding ways to stay... Solo


"Y, frente al mar, vamos Lima la horrible y yo, por el malecón de Miraflores... Y volvemos por una cerveza". Ese soy yo, parafraseando al gran Damon Albarn en la canción de Blur "This is a low". Parafraseando pésimamente, valga decirse, pues Lima no es la "Pretty England", ni la vista del malecón de Miraflores es la del golfo de Biscay. Y bueno, tampoco es que siquiera tenga la costumbre acompañar elegantemente mi soledad con uno de los pocos rincones hermosos de esta peligrosa, desigual y gris ciudad.

En resumen, este parafraseo resulta un fracaso total. No es ni la sombra de cómo me gustaría, al menos, apaciguar mi inquietante falta de compañía con un poco de aire fresco, brisa marina, una hermosa vista hacia la puesta de sol veraniega, con un montón de gente pasando, haciendo un bulto, viviendo tranquilamente un día de relajo en uno de los pocos sitios lindos que hay por aquí. Si estuviera sentenciado de por vida a este aislamiento del corazón, al menos me gustaría poder llevar mi condena en paz y con la frescura ya descrita. Desgraciadamente, uno ya ni siquiera puede sentarse a respirar y exhalar despacio al menos algo del grito ahogado que lleva dentro, o contarle al mar las penas, o buscar un poco de solidaridad de los animales que pasan en su despreocupado andar. Las exigencias del ajetreado, global y nuevo mundo han secuestrado esos pequeños detalles que le daban algo de apacibilidad a aquella infeliz experiencia.

Damon, si pudiera conocerte alguna vez, aún con todo el cariño que le tengo a tu más famosa banda, creo que lo primero que te preguntaría no sería algo sobre ella. No sin algo de triste egocentrismo, pienso que optaría por preguntarte primero si la soledad era menos triste en la Inglaterra de los 90's, aún sin la explosión informática del nuevo milenio. Te preguntaría si resultaba menos tortuoso un aislamiento que solía ser más real e incomunicado, y no uno en el que la comunicación con la gente a la que extrañas, o con la que podrías intentar establecer un nuevo lazo, está a solo un clic. Porque esta contradicción, francamente, resulta molesta.

Transcurre el día a día con el mismo apuro por comer, alistarse, tomar un tren en el cual apretarte incómodamente con otra gente igual de apurada, llegar al trabajo, producir lo más que se pueda, volver lo antes posible a la estación, comer un poco más e intentar dormir temprano para seguir siendo igual de "funcional" al día siguiente. Aunque no sé, Damon, en otra canción tuya, "The Universal", ya mencionabas algo de esto, aunque no puedo saber si lo hiciste como un vaticinio o a modo de resignación frente a una realidad ya palpable.

Por 1995, cuando compusiste aquel himno noventero, estaba yo demasiado pequeño, demasiado feliz en una hermosa familia, y demasiado inexperto como para darme cuenta de que la de mi generación era un estilo de niñez más vívido y juguetón que, más que estar en peligro de extinción, tenía los días ya contados. Una generación condenada a crecer mientras observaba cómo la cultura de la inmediatez absorbía nuestras vidas, o condenada a ser absorbida sin darse cuenta. Da igual, las dos opciones resultan profundamente desalentadoras.

Damon, tú que tenías ya 27 años, ¿fue un desencanto para ti todo esto? Me encantaría saberlo, me encantaría entender si estoy siendo un enorme y egoísta idiota, incapaz de apreciar lo beneficioso que ha sido para mucha gente que se den estos cambios, o si a lo mejor me encuentro entre los pocos lúcidos capaces de desencantarse de esta llamada aldea global. O si tal vez solo soy un resentido distorsionando la realidad para tener un mundo al cual culpar de su miseria, siendo esta total responsabilidad suya.

Quién sabe, Damon. Ahora dejaré de dirigirme a ti imaginariamente para volver a no tener a quién dirigirme con todas estas cuestiones, las cuales no pueden terminar de florecer por falta de sol y de lluvia, quedando ocultas, grises y polvorientas; ahogadas bajo techos de casas, trenes y oficinas en medio de la incesante y asfixiante rutina. Esta, pues, es la vida moderna de los solitarios: una que transcurre agitada en medio de más gente agitada, física y virtualmente hablando. La de una tragicómica y casi imperceptible ironía.


Blur - This is a low


And into the sea
Y, dentro del mar,
Goes pretty England and me
vamos la linda Inglaterra y yo,
Around the Bay of Biscay
al rededor del Golfo de Vizcaya.
And back for tea
Y regresamos por el té.

Hit traffic on the Dogger bank
Nos topamos con el tráfico en el Banco de Dogger,
Up the Thames to find a taxi rank
subiendo por el Támesis para hallar una parada de taxis.
Sail on by with the tide and go to sleep
Sigo navegando por la marea y me voy a dormir.
And the radio says
Y la radio dice:

This is a low
Esto es un bajón
But it won't hurt you
pero no te hará daño.
When you are alone
Cuando estés solo,
It will be there with you
ella estará ahí contigo,
Finding ways to stay solo
encontrando maneras de estar solo.

On the Tyne forth and Cramity
En Tyne, Forth y Cromarty,
There's a low in the high forties
hay una baja en los altos años 40's,
And Saturday's locked away on the pier
y el sábado se quedó encerrado en un muelle,
Not fast enough dear
no lo suficientemente rápido, querida.

On the Malin Head
En Malin Head,
Blackpool looks blue and red
Blackpool se ve azul y roja,
And the queen, she's gone round the bend
y la reina se fue rodeando la curva,
Jumped off Land's End
saltó de Land's End
Radio says
La radio dice:

This is a low
Esto es un bajón
But it won't hurt you
pero no te hará daño.
When you are alone
Cuando estés solo,
It will be there with you
ella estará ahí contigo,
Finding ways to stay solo
encontrando maneras de estar solo.

This is a low
Esto es un bajón
But it won't hurt you
pero no te hará daño.
When you are alone
Cuando estés solo,
It will be there with you
ella estará ahí contigo,
Finding ways to stay solo
encontrando maneras de estar solo.

This is a low
Esto es un bajón
But it won't hurt you
pero no te hará daño.
When you are alone
Cuando estés solo,
It will be there with you
ella estará ahí contigo,
Finding ways to stay solo
encontrando maneras de estar solo.

lunes, 28 de diciembre de 2015

A media luz...


Es bastante curioso el sentimiento que me trajo el indeciso invierno limeño de este año. Hace tiempo, en una de las tantas tardes de ocio en tu casa leíamos un artículo acerca del clima y su influencia en el estado de ánimo, por el cual te comenté sobre mi hipersensibilidad climática y que esta no solo tenía que ver con mi circunstancial estado de ánimo, sino también con ese impetuoso hombre nostálgico que surge a través de mí tan seguido. Es que el invierno y la primavera fueron adquiriendo diversos significados a lo largo de los últimos siete años. O mejor dicho, un solo significado definido por miles de recuerdos casi todos relacionados a ti porque, como ya te lo había dicho, nadie ha abarcado tanto ni ha tenido un pedazo tan grande de mi vida como tú. El solo salir hacia el paradero del autobús y sentir en la cara los delicados pinchazos de la garúa citadina, con alguna canción de Arcade Fire de fondo, puede llegar a convertirse casi en un trance, en una separación mental de mi cuerpo para transportarme a alguna de nuestras tantísimas aventuras durante los catorce, quince, dieciséis o diecisiete años. Lo mismo ocurre con los atisbos solares de la primavera, que aunque no estén presentes ahora son los que más estoy recordando en estos momentos.

Una cosa lleva a la otra. Normalmente el tiempo nublado de estos días me estaría trayendo recuerdos más relacionados con el invierno, pero lo que ocurre es que esta vez no son las grises nubes limeñas las que aclimatan mis pensamientos, sino la noción de la fecha a la que nos estamos aproximando. Cual cumpleaños o noche de Año Nuevo, esta fecha suele convertirse en un recuento obligatorio, en una reflexión y añoranza de todo lo vivido hasta ahora y de los acontecimientos más significativos. A veces también invita a sentarse a desempolvar objetos y a recordar aquellos símbolos, palabras y códigos solo comprendidos por nosotros. Si bien algunas son creadas por nosotros mismos y otras simplemente las encontramos en el camino, todas estas cosas comparten algo: ser la materialización de nuestros sentimientos. Y entre esas cosas hoy recuerdo una de especial importancia: nuestra canción.

Como dije, estos días invitaban a recordar lo nuestro, es por eso que volví a sumergirme irremediablemente, a dejarme atrapar entregándome al ensueño y la magia de esta canción, magia cuya fuente desconozco si proviene de la canción por sí misma o de las entrañables imágenes que me trae, o ambas cosas. No puedo saberlo. Lo único que sé es que estoy bajo su hechizo nuevamente, aquí, en la oscuridad de mi cuarto, dejando que me invada a través de mis audífonos. Porque como dice Silvio Rodríguez en Compañera: "La canción me da todo / aunque no me respeta / se me entrega feliz cuando me viola..."

Y me desvanezco, me derrito de amor y me veo en la imperiosa necesidad de volver a escribir a detalle sobre ella, sobre todo lo que representa. No sé si lograré hacerlo mejor que la primera vez que te hablé acerca de ella, pero de lo que estoy seguro es de que nunca terminaré de describir lo que me hace sentir. Así que, una vez más, en medio de mi torpeza intentaré relatártela y explicártela conforme avanza...

Aún recuerdo -y estoy seguro de que tú también- aquella primavera del año 2010. Habíamos tomado por costumbre el que yo te recogiera de tu colegio todos los jueves para luego ir a pasar la tarde a tu casa, aunque el pequeño detalle era que, por afortunadas circunstancias, tus padres trabajaban hasta tarde y tu hermana solía estar ausente por la universidad. En ese detalle pensaba cada vez que tomaba tu mano por primera vez, con tus amigos y amigas del colegio expectantes a lo lejos, con ese detalle se alimentaba la ansiedad que hacía palpitar más fuerte mi corazón, encantado, embelesado por el suave sol primaveral tocando tu piel, metiéndose delicadamente a tu frente por las rendijas que dejaba tu cerquillo, que hacía brillar esas tímidas manos que colgaban de un par de delicados brazos casi siempre abrigados por una chompa o una casaca pese al calor, timidez tan característica de ti hasta hoy, la cual te hace temerosa de que cualquier extraño pueda siquiera aproximarse a ver tu sagrada piel, tu templo.

Nos movilizábamos en el transporte público, conversando de cómo fue nuestro día, de lo que estemos haciendo en el colegio. Solíamos sentarnos atrás, contigo arrinconada en una de las esquinas del bus y conmigo a tu costado, cuidándote (o intentando cuidarte) de cualquier otro chico que se te pueda acercar. Al llegar, caminábamos nuevamente de la mano las tres cuadras que nos separaban de nuestro apasionado destino...

Tras deshacernos de las mochilas y demás cosas que estorbaran, buscabas la llave del entrañable cuarto de arriba del edificio. Traviesa, temerosa, ingenua, pero llevada por el fuerte deseo de compartirnos nuevamente. No sé tú, pero a mí siempre representó un impulso especial el cómo nos veía la gente que nos rodeaba, el cómo nos juzgaba, el cómo nos analizaba, el cómo les causábamos curiosidad, ternura o preocupación, el cómo poníamos sobre sus mentes la pregunta de si dos chiquillos de dieciséis años podían amarase, de cuánto podrían llegar a amarse, de si de verdad podían sentir auténticamente lo que era el amor incondicional...

You told us that we were too young
Now that night's closing in
And in the half light we run

Cuando el sol comenzaba a debilitarse, pero sin dejar de brillar, subíamos sigilosamente, intentando ocultar nuestra emoción de los entrometidos vecinos de los otros departamentos. A pesar de que era tu casa, casi siempre me dabas la llave para que yo abriera, dejando a mis poco más experimentadas y poco más delictivas manos encargarse de abrir las puertas hacia nuestro dulce pecado. Cerraba con llave ante tu cómplice mirada y tu tierna (tan tierna) sonrisa. Tus ojos me pedían, quizá sin qué tú misma lo notaras con claridad, ese encierro, ese aislamiento de todos los prejuicios y las miradas, ese asilo temporal para unirnos y burlarnos del mundo. La piel de nuestros brazos, tornándose naranja por la media luz que entraba en aquel cuarto de muchos muebles de madera y cortinas cerradas, esperando ansiosa por palpar la piel naranja del resto de nuestros cuerpos, esperando a que la piel entera de nuestros cuerpos se fuera tornando gris conforme cayeran el atardecer y la noche. Y ese cuarto, donde cometimos tantas cotidianidades como mover muebles y visitar a tu conejo, que parecía tan ordinario y corriente como tantos otros en el resto de azoteas del mundo, se transformaba por la media luz que daba ambiente a la calidez de nuestro amor emanándose, chocando y rebotando contra las paredes, transformándonos a nosotros mismos, convirtiendo a uno en el santuario del otro, uniéndonos, fundiéndonos en uno solo, apenas distinguiendo que somos seres separados al buscar y encontrar la sonrisa del otro, percatándonos cada uno de que hay alguien al frente capaz de dar y recibir exactamente la misma felicidad en un complemento perfecto. La dicha, el deleite, el alcance del Nirvana bajo unas delgadas sábanas, por dos escolares cuyos ojos se clavan en una mirada penetrante y eterna.

Strange how the half light
Can make a place new
You can't recognize me
And I can't recognize you

Todos los "te amo" quedan cortos para lo vivido. Nos resignamos a expresarnos sin palabras y simplemente nos echamos, nos abrazamos, le robamos besos al otro mientras nos vestimos, mientras intentamos ganarle la carrera a la noche, a la llegada de nuestros padres y a la del mundo terrenal que nos saque de la magia engendrada. Antes de que la media luz se haga oscuridad, salimos a caminar, abrazados, cariñosos para recibir juntos el aire fresco contra nuestros rostros, a caminar nuevamente por todas esas calles que albergaron nuestros momentos buenos y malos, que acogieron nuestros hechos pasados y que acogerán a los venideros. No existen más certezas en el mundo que la que dictan nuestros sentimientos hacia el otro, no entendemos a la vida en su accidentada y confusa forma, desconocemos las demás historias de las demás azoteas, las vivencias amorosas del resto de parejas... Nos regocijamos en nuestra ignorancia feliz. Nuestras cabezas son casas sin ventanas suficientes, prestas para dejar entrar solo lo nuestro y rechazar cualquier cosa ajena.

We run through these streets
That we know so well
And the houses hide so much
We're in the half light
None of us can tell
They hide the ocean in a shell
The ocean in a shell

Our heads are just houses
Without enough windows
They say you hear human voices
But they're only echoes

They're only echoes...

Hasta hoy, en cada momento de ensueño, en cada nueva experiencia feliz cuasi irreal, seguimos jurando que no estamos durmiendo, que todo es verdadero, que existimos. Los sueños no pueden durar tantos años. No soñamos, seguimos caminando por nuestras calles, creciendo, amando, acumulando cicatrices y tesoros...

We are not asleep,
We are in the streets...

...por el resto de nuestras vidas.


Arcade Fire - Half light I



You told us that we were too young
Tú nos dijiste que éramos demasiado jóvenes,
Now that night's closing in
ahora que la noche se asoma
And in the half light we run
y en la media luz corremos.
Lock us up safe and hide the key
Enciérranos a salvo y esconde la llave.
But the night tears us loose
Pero la noche se cierne sobre nosotros
And in the half light we're free
y en la media luz somos libres.

Strange how the half light
Extraño es cómo la media luz
Can make a place new
puede hacer que un lugar se vea nuevo.
You can't recognize me
No puedes reconocerme,
And I can't recognize you
y yo no puedo reconocerte a ti.

We run through these streets
Corremos por todas estas calles
That we know so well
que conocemos tan bien
And the houses hide so much
y las casas esconden tantísimas cosas...
We're in the half light
Estamos a media luz,
None of us can tell
ninguno de nosotros lo puede decir,
They hide the ocean in a shell
ellos escondieron el océano en un caparazón.
The ocean in a shell
El océano en una caparazón...

Our heads are just houses
Nuestras cabezas son simples casas
Without enough windows
sin ventanas suficientes.
They say you hear human voices
Dicen que puedes escuchar voces humanas,
But they're only echoes
pero estas son solo ecos.

They're only echoes
Son solo ecos...
They're only echoes
Son solo ecos...
Only echoes
Solo ecos...

We are not asleep,
No estamos dormidos,
We are in the streets...
estamos en las calles...


miércoles, 21 de enero de 2015

¿En casa?


Hace un rato me topé con un pequeño texto que escribí hace algunos años, a la edad de dieciséis. ¿Sigo pensando de esta manera? Sorprendentemente, sí. Y digo "sorprendentemente" porque muchas cosas han cambiado en mi modo de pensar desde aquel entonces. Pero aquella maldita nostalgia sí me sigue gobernando hasta hoy, aún siendo relativamente joven.

Acaso lo único que ha cambiado con respecto a este tema es mi sentimiento de pertenencia a ese barrio tan añorado en mi texto adolescente, porque la soledad que siento al recorrer sus calles cuando saco a pasear a mi perrita, o cuando bajo del bus para caminar a mi casa, me ha quitado mucho de ese amor a mis calles de la niñez. Pero esa es arena de otro costal, de la cual escribiré en algún otro momento, supongo. Hoy los dejo con el "inspirado" Damián de dieciséis:


ATENCIÓN:
Tendrás mucho más sentimiento con esta canción sólo si eres o alguna vez fuiste verdaderamente DE BARRIO. 
El hogar... ¿Qué es el hogar? ¿Cuál es el verdadero hogar?
Muchos de los que llamamos "gente triunfadora" ven el hogar como aquel lugarcito que se ganaron gracias a su esfuerzo, dedicación, perseverancia y trabajo; ese que está lejos de toda la lacra y los peligros de la sociedad, donde tu familia y tus hijos pueden crecer en un ambiente sano y saludable. Pero, ¿es ese realmente el hogar? ¿No suena más bien, a un refugio de todas esas cosas que ya no quieres tener cerca? La delincuencia, el pandillaje, la drogadicción, la inseguridad… ¿Refugio es lo mismo que hogar?
Otros (incluyendo a los que mencioné primero) pueden pensar en el hogar como aquel viejo barrio que alberga sus más preciados recuerdos de la infancia: Los años que fueron inocentes, las primeras palomilladas, el primer beso, la primera enamorada, la vida en el seno familiar, el colegio, las canchitas del barrio, los viejos amigos…
Pero ¿no es ese también ese sitio de mierda en el que al caminar percibes en el aire todas las miserias de la gente a tu alrededor? Cuando vuelves después de muchos años, tus amistades y tu gente tomaron su propio rumbo, ya sólo queda las razones por las que te fuiste: La pobreza, la ignorancia, el conformismo, las familias quebrantadas, el abandono moral, la inseguridad… ¿El lugar donde creciste es tu hogar, aunque después anheles abandonarlo? Entonces, el hogar es…
Por esa interrogante, por ese sentimiento, con ustedes, una de las mejores canciones de toda la historia del rock peruano. Dedicada a mis amigos, al lugar que en el futuro todos añoraremos, a mi barrio, nuestro barrio…

G3 - En casa


En casa imaginándome 
paisajes en los que soy rey,
odiando el mundo que dejamos 
pensando en jamas volver.
Cambiamos nuestros recuerdos 
por historias a las que ignoré ayer
intoxicamos nuestro destino aquí, 
inventando un hogar...

Querido barrio, no me pidas volver
en mi refugio estoy bien.
El mundo me beso y me enseño el dolor,
y ahora, alejado,
lo observo y no puedo pensar en volver.

La calle ocultándome 
de mensajes que no quiero ver,
la mente rescatándome 
cuando el cuerpo no puede andar.
Conservamos nuestra ilusión 
de ser libres y encontrar nuestro lugar,
equivocamos el camino para hallar 
la felicidad.

Querido barrio, no me pidas volver
en mi refugio estoy bien.
El mundo me beso y me enseño el dolor,
y ahora, alejado,
lo observo y no puedo pensar en volver.

En casa imaginándome, 
en casa imaginándome,
en casa imaginándome de rey.
La calle ocultándome, 
la calle ocultándome,
la calle ocultándome otra vez.

No hay más detrás,
no hay más detrás, solo una amistad.
No importa el sitio, solo queda un lugar...
No hay mas allá,
no hay mas acá, solo una ciudad.
Estando en casa...

jueves, 30 de octubre de 2014

La Canción Compañera


"La canción es la amiga que me arropa y después me desabriga; la más clara y oscura, la mas verde y madura, la más íntima, la más indiscreta". Creo que Silvio Rodríguez no pudo describir mejor todo lo que una simple canción puede representar en la vida de un tipo cualquiera.

Bueno, hay una diferencia sustancial en la perspectiva desde la cual Silvio siente la letra, ya que la canción iba dedicada, valga la redundancia, a sus propias canciones, a las composiciones que lo acompañaron en su recorrido y lo convirtieron en quien es, al margen de si ello le trajo la pena o la gloria, alegrías o tristezas, simpatías o antipatías. Y claro, la otra importante diferencia radica en que Silvio no es un tipo cualquiera. Pero dejando de lado esos detalles insignificantes (?), creo que la idea se entiende. 

No sé si sea algo común o en realidad gozo de una muy buena memoria para los recuerdos relacionados a vivencias personales. Una brisa, un aroma, un sonido, un anuncio publicitario, una imagen, cualquier cosa que se me cruce relacionada a una época específica que haya vivido, me trae los más nítidos recuerdos... Aunque nunca tan vívidos como los que me traen las canciones. Ellas sí son capaces de resucitar y volver a hacer sentir en carne propia los sentimientos más sublimes y los más desgarradores. Las melodías y las letras se impregnan en lo más profundo dejando huellas indelebles, diría que casi insuperables por las regresiones hermosas o dolorosas que traen. 

Tu infancia, tu primer beso, tus frustraciones, tus sueños, tu primer amor, el día más feliz de tu vida, la muerte de tus padres, la etapa universitaria, tu boda... Estoy convencido de que todos esos pasajes tienen por lo menos una canción que los identifique y los traiga de vuelta. A su vez las canciones, además de recordarte quién eres y quién fuiste, también logran definirte, también pueden ser capaces de construirte y darte una identidad. Y esta es una dualidad que, creo, pocas cosas comparten en esta vida.

Por eso este primer post no podía ir dedicado a cualquier otra, por eso tenía que ir dedicado a la canción, a la confidente, a la compañera, a esa fiel testigo de tus aventuras y desventuras. Porque la canción es la amiga...

Silvio Rodríguez - Compañera


La canción es la amiga
que me arropa
y después me desabriga;
la más clara y obscura,
la más verde y madura,
la más íntima
la más indiscreta.
La canción me da todo,
aunqe no me respeta:
se me entrega feliz
cuando me viola.
La canción es la ola
que me eleva y me hunde,
que me fragua
lo mismo que me funde.
La canción compañera,
virginal y ramera, la canción.

Comenzamos un día
en los tiempos
de siempre y todavía;
comenzamos felices
a juntar cicatrices,
como buenas señales de los años,
y, peldaño a peldaño,
levantamos paisaje
sin excusa, sin ruego
y sin ultraje.
¿Quién se atreve a decirme
que debo arrepentirme de la esperma quemante
que me trajo?
Porque sangra de abajo
yo no vendo ni rajo mi pasión.

Entre drama y comedia
he llegado trovando
a la edad media;
torpe, pero sincero,
aún no soy caballero
(y que el cielo
me libre de cordura)
No me embriaga la altura
ni me aburren los sueños;
no es por moda que estallo
y que me empeño.
El amor sigue en brete
y el camino a machete,
más no lloro por tal
ni me amilano,
si conservo mis manos,
mi sudor y el humano corazón.